La empleada le entregó el billete. Faith supuso que no corría riesgos al poner su nombre en el billete porque había pagado los tres billetes con la tarjeta de Suzanne Blake. Además, la única documentación de que disponía aparte de la de Suzanne era la suya propia. 0 compraba el billete a nombre de Faith Lockhart o se quedaba sin él. Todo saldría bien.
No sabía cuán equivocada estaba.
Mientras Lee la observaba, le asaltó un pensamiento. ¡La pistola! Tenía que facturarla antes de pasar por el arco detector o se armaría un buen lío. Corrió hasta el mostrador y sobresaltó a Faith.
La rodeó con el brazo y la besó en la mejilla.
– Eh, nena. Lo siento, la llamada de teléfono se alargó más de la cuenta. -Miró a la empleada y, con toda tranquilidad, dijo-: Tengo que facturar una pistola.
La empleada apenas levantó la mirada.
– ¿Es usted el señor Wright?
Lee asintió. La empleada le pidió los documentos. Lee le mostró su documentación falsa, y ella le selló el billete e introdujo la información en el ordenador. Él le entregó la pistola y la munición y rellenó el formulario. La empleada pegó una etiqueta en el estuche, y Lee y Faith se retiraron del mostrador.
– Lo siento, me había olvidado de la pistola. -Lee miró hacia el arco detector-. Habrán apostado agentes en la puerta. Pasaremos por separado. No pierdas la calma; no te pareces en nada a Faith Lockhart.
Aunque Faith no dejó de sentir el corazón en la garganta, pasaron por el detector sin incidentes.
Cuando se hallaban junto a los monitores con la información de los vuelos, Lee vio su puerta de embarque. -Por ahí -indicó.
Faith asintió al tiempo que observaba la disposición de las puertas. La puerta de embarque para el vuelo de San Francisco estaba bastante cerca, pero un tanto alejada de la de Norfolk. Contuvo una sonrisa. Perfecto.
Mientras caminaban, Faith miró a Lee de reojo. Le había ayudado mucho. Se sentía un poco culpable por lo que iba a hacer, pero estaba convencida de que era lo mejor. Para los dos.
Llegaron a la puerta para el vuelo de Norfolk. Les informaron de que embarcarían al cabo de unos diez minutos. Había bastante gente esperando.
Lee se volvió hacia ella.
– Será mejor que llames a ese servicio de aviones de enlace para el vuelo a Pine Island.
Lee y Faith se dirigieron a un teléfono y ella realizó la llamada.
– Todo arreglado -informó-. Ya podemos relajarnos.
– Bien -dijo Lee con sequedad.
Faith miró en torno a sí.
– Tengo que ir al baño.
– Será mejor que te des prisa.
Faith se alejó rápidamente sin que Lee le quitara el ojo de encima.
– ¡Bingo! -exclamó el hombre que estaba sentado frente a la pantalla del ordenador. Se encontraba en una furgoneta estacionada cerca del aeropuerto. El FBI tenía un contacto en las compañías aéreas que controlaba los viajes que realizaban las personas que el organismo perseguía. Con más de un sistema de reservas de vuelos compartido entre compañías aéreas y la llegada de los códigos comunes, el trabajo le resultaba más fácil al FBI. Dicha organización había solicitado que se marcara el nombre de Faith Lockhart en los sistemas de reserva de las principales compañías aéreas. Esa petición acababa de rendir grandes frutos.
– Ha reservado un vuelo para San Francisco que sale dentro de una media hora -dijo por el micrófono de los auriculares-. United Airlines. -Facilitó la información sobre el número del vuelo y la puerta de embarque-. A por ella -ordenó a los hombres que estaban en la terminal. Descolgó el auricular para informar a Brooke Reynolds.
Mientras Lee hojeaba una revista que alguien había dejado en el asiento de al lado, dos hombres trajeados pasaron corriendo junto a él. Al cabo de unos segundos, un par de individuos con vaqueros y cazadoras se alejaron en la misma dirección.
Lee se levantó de un salto, echó un vistazo alrededor y, tras cerciorarse de que nadie más corría hacia allí, siguió al grupo.
Los agentes del FBI, seguidos de los hombres con vaqueros, pasaron por delante de los servicios de señoras instantes antes de que Faith saliera. Ya habían desaparecido entre la multitud cuando ella emergió.
Lee aflojó el paso al verla salir del baño. ¿Otra falsa alarma? Cuando Faith dio la vuelta y echó a andar hacia el otro lado, Lee comprendió que sus temores no eran infundados. Advirtió que Faith comprobaba la hora y aceleraba el paso. Mierda, Lee sabía perfectamente qué haría: tomaría otro vuelo. Y a juzgar por el modo en que había mirado el reloj y había apresurado la marcha, no debía de faltar mucho para que despegara. Mientras se abría paso entre la multitud, recorrió con la vista el pasillo. Había diez puertas delante de él. Se detuvo por unos instantes ante los monitores, leyó rápidamente las salidas y las puertas de embarque correspondientes hasta que vio el mensaje parpadearte de «embarque» de un vuelo de United con destino a San Francisco. También reparó en que ya era la hora de embarque de un vuelo para Toledo. ¿Cuál sería el de Faith? Sólo existía una forma de averiguarlo.
Lee corrió a toda velocidad, atravesó una zona de espera y logró adelantar a Faith sin que ella lo viera. Se detuvo bruscamente cerca de la puerta de embarque para el vuelo de San Francisco. Los hombres de traje que habían pasado corriendo junto a él estaban allí, hablando con una empleada de United que parecía estar muy nerviosa. Entonces, los hombres, con el semblante impasible, se colocaron tras un tabique sin apartar la mirada de la multitud y la zona de embarque. Lee dedujo que Faith tomaría el vuelo para San Francisco.
Sin embargo, algo no encajaba. Si Faith había empleado el nombre falso, ¿cómo…? Entonces Lee cayó en la cuenta. No podía poner el nombre falso en dos billetes distintos que salían con tan poca diferencia de tiempo, pues habría despertado sospechas en la empleada. Había utilizado su nombre verdadero porque necesitaba la documentación para tomar el avión. ¡Mierda! La atraparían en cualquier momento. Mostraría el billete, la empleada le haría una seña a los del FBI y todo se habría acabado.
Justo cuando Lee se disponía a dar media vuelta, divisó a los dos hombres con las cazadoras y los vaqueros. Su olfato le indicó que, aunque no lo pareciera, estaban vigilando de cerca a los agentes del FBI. Se acercó un poco más y, gracias al tiempo sombrío del exterior, alcanzó a ver el reflejo de los hombres en el cristal. Uno de ellos llevaba algo en la mano. Lee se estremeció al aproximarse aún más y descubrir de qué se trataba. 0 al imaginarlo. De repente, el caso cobró una dimensión completamente distinta.
Lee, no sin dificultad, volvió sobre sus pasos; al parecer, todos los habitantes de la zona metropolitana de Washington habían decidido volar ese día. Localizó a Faith en el pasillo. En cosa de segundos pasaría junto a él. Se lanzó hacia el muro de personas y tropezó con una maleta que alguien había apoyado en el suelo. Cayó al suelo y se hizo daño en las rodillas. Cuando se incorporó, ella ya lo había dejado atrás. Apenas le quedaban unos segundos.
– ¿Suzanne? ¿Suzanne Blake? -gritó.
Al principio, Faith no se dio por enterada, pero luego se detuvo y se volvió. Lee sabía que si lo veía era posible que intentara huir corriendo. No obstante, al pararse le había dado los pocos segundos que necesitaba. La rodeó y se le acercó por detrás.
Cuando él le sujetó el brazo, Faith estuvo a punto de sufrir un colapso.
– Date vuelta y ven conmigo -dijo Lee.
Faith intentó soltarse.
– Lee, no lo entiendes. Por favor, deja que me vaya.
– No, eres tú quien no lo entiende. El FBI está esperándote en la puerta de embarque para el vuelo de San Francisco. Aquellas palabras le helaron la sangre.