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Dunford palideció ante la mera mención.

"Solamente así," insistió Belle. "De la única manera en que un rumor va a llegarle es si no es realmente un rumor, sino más bien una información deliberadamente interpuesta en su camino." Tragó nerviosa, apenas capaz de creer que estuviera considerando tal plan. "Quizás podríamos incluir a Emma en nuestro plan. Ella podría mencionar por casualidad a John que planeo casarme. No tendré que usar tu nombre. Así, no tendré que mencionar ningún nombre, solamente hacerle llegar la noticia de que estoy a punto de anunciar mi compromiso."

"¿No resultará extraño que ella simplemente se deje caer por su casa?"

"Son vecinos. No hay nada sospechoso en que le haga una visita para saludarlo."

Dunford se recostó y sonrió con regocijo, haciendo destellar su blanca dentadura. "Una estrategia excelente, Arabella. Y esto me salva de tener que fingir que estoy enamorado de ti."

Ella movió la cabeza. "Eres imposible."

"Si tu galán no aparece en escena a lomos de un caballo blanco y con brillante armadura para llevarte a la puesta de sol, bien, entonces tendré que decir que, para empezar, no merece la pena."

Belle no estaba completamente segura de eso, pero aún así asintió.

"Mientras tanto, deberíamos ponerte en circulación. Este tipo, John… ¿ cuál dijiste que era su apellido?"

"No lo hice."

Dunford alzó una ceja, pero no la presionó para que le diera más detalles. "Lo que iba a decir es que tu pequeña mentira no va parecer muy convincente si averigua que te has sepultado en este mausoleo desde que llegaste. "

"No, supongo que no, pero apenas queda nadie en la ciudad ahora. No hay demasiados sitios donde mostrarse."

"Mira por donde me han invitado a lo que estoy seguro que será una velada musical sumamente horrorosa esta noche, y como el anfitrión es un pariente lejano mío, no tengo modo de eludir el compromiso."

Belle entrecerró los ojos. "No será uno de tus primos Smythe-Smith otra vez, ¿verdad? "

"Me temo que si."

"Creo recordar que te dije que nunca asistiría a otro de sus recitales. Después del último, estoy convencida de saber exactamente como sonaría Mozart interpretado por un rebaño de ovejas."

"¿Qué puedes esperar cuándo han sido maldecidos con un nombre como el de Smythe-Smith? De todas formas, no tienes otra opción. Ya hemos decidido que tienes que dejarte ver, y no veo que te desborden las invitaciones."

"Qué amable de tu parte recordármelo."

"Tomaré eso como un sí y pasaré a recogerte esta noche. Y no parezcas tan malhumorada. Sospecho que ese galán suyo arribará a la ciudad en cualquier momento a partir de hoy, y entonces estarás a salvo de todas las futuras masacres musicales."

"No aparecerá al menos hasta dentro de dos semanas, en realidad, porque Emma se ha quedado como mi acompañante hasta el regreso de mis padres de Italia. No puede estar en dos sitios a la vez, y de todas formas, dudo que él creyera que me he enamorado de alguien más tan rápidamente. Me temo que tendrás que aguantar mi compañía durante una quincena. A condición de que, por supuesto, no tenga que asistir a más veladas musicales."

"Nunca sería tan cruel. Hasta esta noche entonces, Belle." Con una sonrisa libertina, Dunford se puso en pie, se inclinó elegantemente, y salió del salón.

Belle permaneció sentada en el sofá varios minutos después de su marcha, preguntándose por qué no podía haberse enamorado de él en vez de de John. Lo simplificaría todo tanto. Bueno, tal vez no sería tan simple, ya que Dunford no sentía amor por ella, al menos no más amor del que un amigo sentía por otro.

Belle se puso en pie y se dirigió hacia arriba, preguntándose si había emprendido un curso de acción correcto. El fracaso sería increíblemente doloroso, pero sabía que sería incapaz de vivir consigo misma, si, al menos, no intentara forjarse una vida en común con John. Solamente tenía que esperar un par de semanas.

Capítulo Diez

No obstante, Belle no tuvo que esperar una quincena para poner el plan de Dunford en marcha. Exactamente una semana después de que ella y Emma llegaran a Londres, Alex atravesó a zancadas la puerta principal con una dama de mediana edad, ligeramente rechoncha, corriendo pegada a sus talones.

Belle casualmente pasaba por el vestíbulo cuando él irrumpió en la casa. "Oh, Señor" suspiró sin aliento, observando la conmoción con ojos divertidos.

"¿Dónde está mi esposa?" exigió Alex.

"Arriba, creo," contestó Belle.

"¡Emma!" bramó él. "Emma, baja ahora mismo."

En pocos segundos Emma apareció en lo alto de la escalera. "¿Alex?" dijo ella, incrédula. "¿Qué demonios haces aquí? ¿Y quién es tu, er, invitada?"

"Tu semana ha terminado," declaró él rotundamente. "Te llevo a casa."

"Pero… "

"Y ésta," la interrumpió Alex, enérgicamente, señalando a la dama que estaba a su lado, "es mi tía abuela Persephone, quien amablemente ha accedido a actuar como acompañante de Belle."

Belle contempló el aspecto despeinado de Persephone y su expresión manifiestamente mortificada y se preguntó si la señora había tenido la más mínima posibilidad de elegir. Después de un vistazo al decidido rostro de Alex, concluyó que, sin duda, no la había tenido.

"¿Persephone? " repitió Emma, débilmente.

"Mis padres estaban interesados en la mitología," dijo la señora con una sonrisa.

"Ya ves," dijo Alex, "a sus padres les gustaba la mitología. Eso lo explica todo."

"¿Lo explica? " preguntó Belle.

Alex le disparó una mirada tan encendida que Belle cerró la boca con prontitud. "Emma", dijo él, suavemente, comenzando un lento ascenso por las escaleras. "Es hora de que vuelvas a casa."

"Lo sé, yo también te echo de menos, pero sólo iba a estar fuera otra semana, y no puedo creer que hayas arrastrado a tu tía a través de medio país."

Persephone sonrió. "Por todo el país, en realidad. Soy de Yorkshire."

Belle se tragó una carcajada y decidió que ella y Persephone se llevarían muy bien.

"Haz tu equipaje, Emma."

Belle y Persephone contemplaron a la pareja con interés no disimulado hasta que se derritieron el uno en brazos del otro y los labios de Alex capturaron los de Emma en un beso abrasador. En ese punto, Persephone se giró discretamente. Belle, sin embargo, mantuvo un ojo curioso sobre la pareja, pero tuvo la delicadeza de sonrojarse.

Ellos simplemente siguieron besándose y besándose hasta que el momento se tornó verdaderamente embarazoso para Belle, Persephone, y los seis criados que ocupaban su lugar en el vestíbulo principal. Tratando de sacar el mejor partido de una situación bastante extraña, Belle sonrió alegremente a Persephone y le dijo, ¿"Cómo está usted? Soy Lady Arabella Blydon, pero supongo que ya lo sabía."

La anciana señora asintió. "Yo soy la señorita Persephone Scott."

"Encantada de conocerla, señorita Scott."

"Oh, por favor llámeme Persephone."

"A mi me llaman Belle."

"Bueno, bueno. Imagino que nos llevaremos muy bien." Persephone echó un rígido vistazo por encima de su hombro y se aclaró la garganta. "¿Continúan? " preguntó en un susurro.

Belle alzó la mirada y asintió. "Es sólo durante una semana."

"¿Van a continuar así durante una semana?”

"No," se rió, Belle. "Quise decir que mis padres tienen previsto volver dentro de una semana. Entonces será libre de hacer lo que desee."

"Espero hacerlo. Alex me pagó el rescate de un rey para convencerme de venir."

"¿De verdad?"

"Sí. Por supuesto, habría venido aunque sólo me hubiese pagado los gastos del viaje. No vengo a Londres muy a menudo. Esto es una verdadera aventura para mí. Pero antes de que pudiera decir una palabra, se adelantó y me ofreció una suma espléndida. Acepté inmediatamente."

"¿Y quién no?"

"Quién, en efecto." Persephone hizo unos torpes gestos con la cabeza.

“Siguen besándose," dijo Belle, interpretando correctamente su señal.