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"Su comportamiento no es exactamente, er, cortés. Sobre todo con una jovencita soltera cerca." Contempló a Belle y sonrió. "Nunca he sido la acompañante de una señorita antes. ¿Cómo ha sonado?"

"No lo bastante severo."

"¿No lo ha sido?"

"No, pero lo prefiero así. Y no se preocupe por ellos." Belle hizo un gesto con la cabeza sobre su hombro hacia la apasionada pareja en lo alto de las escaleras. "Por lo general, son mucho más circunspectos. Supongo que, bueno, se echaban de menos el uno al otro. Han estado separados durante una semana, ya sabe."

"Bien, supongo que tendremos que perdonarlos. Evidentemente están enamorados."

"Sí, lo están," dijo Belle suavemente, y entonces supo que hacía lo correcto con respecto a John porque ella verdaderamente deseaba a alguien en su vida que la amara y la deseara tanto que fuera capaz de besarla durante cinco minutos seguidos delante de ocho testigos. Y eso la llevo a la conclusión de que, por supuesto, el hombre en cuestión tendría que ser alguien a quien ella amara tan desesperadamente que le devolvería el beso, y a la porra con los espectadores.

Belle suspiró. Tendría que ser John. Sin embargo, de repente se dio cuenta de que no le había contado aún a Emma el plan. "Oh, Dios" exclamó. Tenía que encontrar un momento a solas con ella antes de que Alex la arrastrara de vuelta a Westonbirt, y por cómo se comportaban, seguro que hacían todo el viaje de vuelta con los labios pegados el uno al otro.

"¿Sucede algo?" preguntó Persephone.

"Oh, Dios. Belle se lanzó escaleras arriba y arrancó la mano de Emma del pelo de Alex. "Lo lamento, Alex, esto parece muy entretenido, pero necesito hablar con Emma. Es muy importante. “Dio a Emma un vigoroso empujón. Alex había caído en una especie de neblina inducida por la pasión, y fue probablemente esa debilidad la que permitió que Belle arrancara a Emma de su abrazo. Unos segundos después, ambas mujeres estaban a salvo en el dormitorio de Emma. Belle cerró rápidamente la puerta. "Necesito que hagas algo por mí," dijo.

Emma la contempló sin expresión, bastante aturdida todavía por el apasionado beso de Alex.

Belle chasqueó los dedos un par de veces delante de la cara de su prima. "¿¡Hola!? ¡Despierta! Ya no te está besando."

"¿Qué? Oh, lo siento. ¿Qué necesitas?"

Belle rápidamente le expuso su plan. Emma no estaba segura de que fuera a funcionar, pero accedió a representar su parte. "Solamente una cosa," añadió. "¿Realmente va a creerse que lo has olvidado tan rápidamente?"

"No lo sé, pero si viene a Londres, pronto descubrirá que no he estado aquí sentada como un alma en pena. Dunford se ha asegurado de que haya sido presentada al mayor número de solteros. Tres condes la semana pasada y un marqués, me parece. Es verdaderamente sorprendente la cantidad de gente que se queda aquí en Londres una vez acabada la temporada."

"Espero que sepas lo que estás haciendo."

"No tengo ni idea de lo que hago," admitió Belle con un suspiro. "Pero no sé que más hacer."

* * *

John se sumergió en el trabajo en Bletchford Manor, supervisando las renovaciones de la casa, e incluso echando una mano en un par de ellas. El trabajo físico era, de una manera extraña, calmante; de vez en cuando hasta logró pensar en otra cosa que no fuera Belle.

El trabajo en su casa y las tierras circundantes lo mantenían ocupado durante el día, y trató de dedicar las tardes a sus asuntos financieros, impaciente por rehacer los fondos que había utilizado para comprar Bletchford Manor. Pero cuando la tarde se convertía en noche, se encontró con que sus pensamientos se extraviaban hacia la doncella rubia, quién, en ese momento, residía a tres horas de distancia, en Londres. Con certeza, no había malgastado el tiempo para marcharse tan lejos de él como le era posible.

No podía evitar recordar cada momento que había pasado en su compañía, y cada escena que rememoraba en su cabeza se asemejaba a una pequeña daga en su corazón. Se despertaba casi cada noche duro y excitado, y sabía que había estado soñando con ella. Consideró brevemente hacer un viaje a un pueblo cercano para encontrar a una mujer que pudiera satisfacer su dolencia, pero abandonó la idea, comprendiendo que ninguna mujer podía hacerlo sentirse mejor. Ninguna mujer excepto Belle, claro.

Se quedó sorprendido cuando Buxton le anunció que la Duquesa de Ashbourne había llegado. No le preguntarás por Belle, se dijo mientras se dirigía al salón azul a saludarla.

"Hola, su Excelencia," dijo cortésmente. Emma estaba radiante, y su cabello tenía un brillo especiall.

"Creí haberle dicho que me llamara Emma," lo reprendió ella.

"Lo siento. La costumbre, supongo."

"¿Cómo está? "

"Bien. ¿Cómo está Belle?" Si hubiese podido darse una patada a si mismo, sin que la duquesa lo notara, lo habría hecho. Con fuerza.

Emma sonrió con astucia cuando comprendió que el plan de Belle iba a ser un éxito clamoroso. "Muy bien."

"Bien. Me alegro por ella." Y se alegraba, supuso, aunque habría sido agradable si lo hubiera añorado aunque solamente fuera un poquito.

"Está pensando en casarse, de hecho. "

"¿Qué? "

Emma se encontró deseando que existiera algún modo de capturar la expresión de John para la posteridad, porque no tenía precio. "Dije que esta pensando en casarse."

"La oí," dijo John, con brusquedad.

Emma sonrió de nuevo.

"¿Y quién es el afortunado?"

"No me lo ha dicho, en realidad. Solamente me dijo que era alguien a quien conoció en Londres la semana pasada. Un conde, me parece, o tal vez era un marqués. Ha asistido a multitud de fiestas."

"Obviamente." John no hizo el menor esfuerzo para ocultar el sarcasmo de su voz.

"Parece que se divierte."

"Ciertamente no ha tardado demasiado en encontrar un hombre," dijo él malhumorado.

"Bien, ya sabe cómo es eso."

"¿Sé cómo es qué? "

"Oh, el amor a primera vista y todo esto."

"Sí," dijo John, enigmáticamente.

"De hecho…," dijo Emma, inclinándose hacia delante.

"¿Qué? "

Soy brillante, pensó Emma. Absolutamente brillante. "De hecho", repitió, "dijo que él le recordaba un poco a usted "

La furia, los celos, el ultraje, y otras cien emociones repugnantes azotaron a John en proporciones desmesuradas.

"Qué bien para ella," dijo glacialmente, mordiendo las palabras.

"Sabía que se alegraría," dijo Emma en tono ligero. "Después de todo, eran buenos amigos."

"Sí, lo éramos."

"Me aseguraré de que le llegue una invitación para la boda. Estoy segura de que significará mucho para Belle tenerle allí."

"Estaré ocupado para entonces."

"Pero no sabe cuando será la boda. No han puesto fecha aún. "

"Estaré ocupado," repitió John, con voz dura.

"Ya veo."

"Sí, estoy seguro de que lo hace." John se preguntó si la esposa de Alex era extraordinariamente cruel o solamente sumamente ingenua. "Ha sido muy amable al visitarme con noticias de Belle, pero me temo que hay un asunto del que debo ocuparme inmediatamente."

"Sí, por supuesto," dijo Emma, levantándose con una calida sonrisa. "Transmitiré sus felicitaciones a Belle." Cuándo él no hizo ningún comentario, ella le ofreció una mirada inocente y preguntó, "Le desea lo mejor, ¿verdad? "

John tan sólo gruñó.

Emma retrocedió y sofocó una risa. "Le diré que le manda saludos, entonces. Y por favor venga a visitarnos pronto. Alex le gustaría verle, estoy segura." Mientras bajaba los escalones hacia su carruaje, se le ocurrió que debería enviar a Belle una nota advirtiéndole que John llegaría a Londres muy, muy pronto.

John miró a Emma desaparecer escalones abajo. Tan pronto como quedó fuera de su vista, blasfemó brutalmente, dio una patada a la pared de su casa para enfatizarlo, y caminó a zancadas de regreso a su estudio donde se sirvió un generoso vaso de whisky.