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Unos minutos después, el techo de nubes terminó tan bruscamente como se había iniciado. Penetraron en la cegadora brillantez del día de Rama, más brillante aún por la luz reflejada de las nubes bajas. Allí estaba la familiar planicie curvada, ahora más aceptable para la mente y los sentidos debido a que su circulo completo ya no podía ser visto. No resultaba demasiado dificil pretender que estaban contemplando un ancho valle, y que la extensión ascendente del mar era en realidad una extensión hacía afuera.

Hicieron alto en la quinta y penúltima plataforma, para informar que ya habían salido del techo de nubes y para realizar un examen cuidadoso. Hasta donde podían verificar, nada habla cambiado allá abajo, en la planicie, pero allí, en la cúpula norte, Rama producía otra maravilla.

Así que allí estaba el origen del ruido que oyeron. Descendiendo de alguna fuente oculta en las nubes, a tres o cuatro kilómetros de distancia, había una cascada, y durante largos minutos la contemplaron absortos y silenciosos, totalmente incapaces de creer a sus ojos. La lógica les decía que en este mundo rodante ningún objeto podía caer en línea recta, pero habla algo de horriblemente anormal en una cascada combada y con curva hacia un costado, que terminaba muchos kilómetros más allá del punto directamente debajo de su nacimiento.

—Si Galileo hubiese nacido en este mundo —dijo Mercer finalmente—, se habría vuelto loco tratando de desarrollar las leyes de ¡a dinámica.

—Yo creía conocerlas —replicó Calvert—, y también tengo la impresión de estar volviéndome loco. ¿A usted no le trastorna este espectáculo, profesor?

—¿Por qué habría de trastornarme? —replicó Myron con tranquilidad—. Es una perfecta y estricta demostraclón del Efecto Coriolis. Me gustaría poder mostrárselo a algunos de mis alumnos.

Mercer contemplaba pensativo la franja circundante del Mar Cilíndrico.

—¿Han notado ustedes qué le ha sucedido al agua? —preguntó por fin.

—¡Oh, caramba!… ya no es tan azul. Yo diría que está un poco verdosa. ¿Qué significa eso?

—Quizá lo mismo que significa en la Tierra. Laura describió este mar como una sopa orgánica a la espera de una sacudida para producir vida. Tal vez eso es exactamente lo que ha sucedido.

—¿En un par de días? ¡El proceso tardó en la Tierra millones de años!

—Trescientos setenta y cinco millones de años, de acuerdo con los últimos cálculos. Ahora ya tenemos la explicación sobre de dónde proviene el oxigeno que estamos respirando. Rama ha pasado por el estado anaeróbico y ha llegado a la fotosíntesis de las plantas en el término de cuarenta y ocho horas. Quisiera saber: ¿qué otro milagro producirá mañana?

22. Navegar el Mar Cilíndrico

Cuando los tres hombres llegaron al final de la escalera, sufrieron otro shock. Al principio pareció como si un vándalo hubiese pasado por el campamento, volcando el equipo, y hasta reuniendo los objetos pequeños para diseminarlos lejos. Pero al cabo de un breve examen de. lugar su alarma fue reemplazada por un fastidio teñido de un poco de vergüenza.

El culpable había sido el viento. Aunque habían atado todos los objetos sueltos antes de irse, las ráfagas más violentas debieron cortar algunas sogas. Pasaron varios días antes de que consiguieran reunir todas sus pertenencias dispersas.

Fuera de eso no parecía haber otros cambios de importancia. Hasta el silencio de Rama había retornado, pasadas las efimeras tormentas de la primavera. Y allá, en el borde de la planicie, había un mar en calma, esperando el primer barco en un millón de años.

—¿No es costumbre bautizar un barco nuevo con una botella de champán?

—Aunque tuviera champán a bordo, jamás permitiría un desperdicio tan criminal. De todas maneras, es demasiado tarde. Ya lo hemos botado.

—Y por lo menos flota. Has ganado tu apuesta, Jimrny. Te la pagaré cuando regresemos a la Tierra.

—Necesitamos ponerle un nombre. ¿Alguien tiene alguna idea?

El objeto de estos comentarios poco halagadores se balanceaba en estos momentos junto a los escalones que descendían hasta el Mar Cilíndrico. Se trataba de una pequeña balsa construida con seis tambores vacíos de combustible, unidos por un armazón de metal ligero. Construirla, armarla en el campamento Alfa, y transportarla sobre ruedas desmontables a través de más de diez kilómetros de planicie, absorbió el total de las energías de la tripulación durante varios días. Era una jugada que debía pagar sus dividendos.

El premio bien valía los riesgos. Las enigmáticas torres de Nueva York, brillando allá, en la luz sin sombras, a cinco kilómetros de distancia, les habían tentado desde el momento en que penetraron en Rama. Nadie dudaba q ue la ciudad —o lo que quiera que fuese— era el verdadero corazón de ese mundo. Aunque no hicieran otra cosa, debían llegar a Nueva York.

—Todavía no le hemos puesto un nombre. jefe, ¿qué hacemos?

Norton lanzó una carcajada, aunque en seguida se puso.

—Yo tengo el nombre. Llámenlo Resolution. —Jor qué?

—Así se llamaba uno de los barcos del capitán Cook. Es un buen nombre. Ojalá éste le haga honor.

Hubo un silencio intenso; luego la sargento Barnes, principal responsable del diseño de la improvisada embarcación, pidió tres voluntarios. Todos los presentes levantaron la mano.

—Lo siento, pero sólo disponemos de cuatro salvavidas. Boris, Jimmy, Pieter; ustedes han navegado alguna vez. Vamos a probar la balsa.

A nadie le pareció raro que una sargento ejecutiva se hiciera cargo de esa operación. Ruby Barnes era la única que poseía el título de capitán de barco, lo cual resolvía la cuestión. Había navegado por el Pacífico como capitán en barcos de distintos calados, y no era probable que unos cuantos kilómetros de agua en calma chicha presentara muchos desafios a su pericia.

Desde el momento en que posó la mirada en ese mar, estuvo decidida a hacer el viaje. En los miles de anos que llevaba el hombre lidiando con las aguas de su propio mundo, ningún marino había afrontado nunca algo ni remotamente parecido a esto. En los últimos días una cancioncita bastante tonta le anduvo rondando por la mente, y no podía librarse de ella: «Navegar por el Mar Cilíndrico… Navegar por el Mar Cilíndrico … » Bueno, eso era precisamente lo que iba a hacer.

Sus pasajeros, se acomodaron en asientos improvisados con baldes, y Ruby oprimió el arranque. El motor de veinte kilovatios comenzó a zumbar, la transmisión de cadena de los engranajes de reducción se embotó, y el Resolutíon salió despedido hacia adelante entre los vítores de los espectadores.

Ruby confiaba en avanzar a quince kilómetros por hora con esa carga, pero estaba dispuesta a conformarse con diez. Había sido calculado un régimen de medio kilómetro a lo largo de la escarpa, y realizó el recorrido en cinco minutos y medio. Concediendo el tiempo para el viraje, daba un término medio de doce kilómetros por hora, y quedó bastante contenta con eso.

Sin fuerza mecánica, pero con tres enérgicos remeros ayudándola con su propia pala, Ruby podía obtener un cuarto de esa velocidad. De modo que aun cuando el motor se descompusiera, podrían regresar por sus propios medios en un par de horas. Las células de fuerza motriz para servicio pesado podían proveer energía suficiente para circunnavegar el mundo, y ellos llevaban dos de repuesto para mayor seguridad. Y ahora que la niebla se había levantado por completo, hasta un marino tan prudente como Ruby estaba preparado para hacerse a la mar sin brújula.

Ruby saludó con elegancia al volver a puerto.

—Botadura del Resolution completada con éxito, capitán. Aguardamos ahora sus instrucciones.