"Bien," dijo ella, enderezándose. "Pero yo debería – "
Sonó un golpe
"¡Oh, mi cabeza! " gruñó ella, frotándose la coronilla.
"¡Mi barbilla!," apenas pudo exclamar James.
Sus ojos azules se llenaron de preocupación y vergüenza. "Lo siento. "
"Excelente golpe, señorita Hotchkiss," dijo él, cerrando los ojos en su agonía. “Justo donde me golpeó hace un momento con la mano. "
Oyó como ella tragaba. "Lo siento. "
Y fue entonces cuando él cometió su fatal error. Nunca más mantendría los ojos cerrados cerca de una hembra con propensión a la torpeza, sin importar lo cautivadora que ella fuera. No sabía cómo se las arregló, pero oyó su exclamación de sorpresa, y luego de alguna manera chocó contra él, con todo el cuerpo, tirándolo al suelo cuan largo era.
Bien, creyó que había caído al suelo.
Si hubiera imaginado que algo así podría ocurrirle, lo normal era esperar aterrizar sobre el suelo.
Pero cuando de hecho le ocurrió, lo que debería haber hecho era rezar por aterrizar sobre el suelo. Habría sido bastante más agradable que hacerlo sobre el rosal.
Capítulo 5
“¡Lo siento! "
"No diga eso," gruñó James, tratando de decidir qué parte de él estaba más dañada."¡Pero es que lo siento!" se lamentó ella. "Espere, déjeme ayudarle. "
"No," gritó él frenéticamente, prosiguiendo en tono más calmado, "no me toque. Por favor."
Elizabeth abrió la boca en un gesto de mortificante horror y comenzó a parpadear rápidamente, y por un instante James pensó que iba a llorar. "Todo está perfectamente," se obligó a mentir. "No estoy herido. " Ante su incrédula mirada, añadió, "Perfectamente."
Ella tragó. "Soy tan torpe. Incluso Susan se niega a bailar conmigo."
"¿Susan?"
"Mi hermana. Tiene catorce años."
"Ah," él dijo, añadiendo entre dientes, "chica lista."
Ella se mordió el labio inferior. "¿Está seguro de que no quiere que le ayude?"
James, que había estado tratando de desenredarse discretamente de su espinosa prisión, finalmente afrontó la realidad de que en un combate entre él y el rosal, este último saldría vencedor. "Voy a darle la mano," la instruyó, manteniendo un tono lento y calmado, "y entonces usted tirará de mi con fuerza y hacía usted. ¿Está claro?"
Ella asintió.
"No hacía un lado, no hacía arriba, no – "
"¡Está claro!" estalló ella. Antes incluso de que él tuviera posibilidad de reaccionar, lo agarró de la mano y lo sacó del rosal.
James se quedó mirándola un instante, un poco sobresaltado por la fuerza que se escondía tras su pequeña figura.
"Soy torpe," dijo ella. "No idiota."
De nuevo, lo dejó mudo. Dos veces en un minuto tenía que ser un nuevo record.
"¿Está herido?" le preguntó Elizabeth bruscamente, quitándole una espina de la pechera de la chaqueta y luego otra de la manga. "Se ha arañado las manos. Debería haber llevado puestos los guantes. "
"Hace demasiado calor para llevar guantes," murmuró James, mirando cómo le quitaba más espinas. Tenía que ser completamente inocente- ninguna dama con un poco de experiencia, aunque sólo fuera con el flirteo, estaría de pie tan cerca de un hombre, recorriendo con sus manos su cuerpo de arriba abajo…
Muy bien, admitió para sí mismo, estaba dejando que su imaginación y su libido se desbordaran. Ella no estaba exactamente moviendo sus manos de arriba abajo por su cuerpo, pero bien podría haberlo estado haciendo por el modo en que él reaccionaba. Estaba tan cerca. Solamente con extender la mano podría tocar su pelo, sentir cuán sedoso era en realidad, y-
Oh, Dios, podía olerla.
Su cuerpo se endureció en un segundo.
Ella retiró la mano y lo miró con sus inocentes ojos azules. “¿He hecho algo mal?"
“¿Por qué dice eso?" preguntó él, con voz estrangulada.
"Se ha puesto rígido."
James sonrió sin humor. Si ella supiera…
Ella eliminó otra espina, ésta vez del cuello de su chaqueta. "Y para ser sincera, suena bastante raro. "
James tosió, tratando de ignorar la forma en que sus nudillos acariciaban accidentalmente su mandíbula. "Me he atragantado," dijo con voz rasposa.
"Oh." Ella se apartó examinó su trabajo. "Oh, Señor, me he dejado una."
Él siguió su mirada… hacia abajo, hasta su muslo. "Yo la quitaré," dijo él rápidamente.
Ella se sonrojó. "Sí, será lo mejor, pero – "
"¿Pero qué?"
"Hay otra," dijo ella, con una embarazosa tos y señalando con un dedo.
"¿Dónde?" preguntó él, solamente para hacerla ruborizarse un poco más.
"Ahí. Un poco más arriba. " Lo señaló con un dedo y se dio media vuelta, roja como una remolacha.
James sonrió ampliamente. Había olvidado lo divertido que era hacer ruborizar a una señorita. "Ya está. ¿Estoy limpio de espinas?"
Ella se volvió, lo revisó, y asintió con la cabeza. "Realmente siento terriblemente lo de, ah, el rosal," dijo con una arrepentida inclinación de cabeza. "Lo siento muchísimo."
En el instante en que James oyó la frase "lo siento" otra vez, tuvo que luchar contra el impulso de agarrarla por los hombros y sacudirla. "Sí, creo que eso ya ha quedado claro."
Una de sus delicadas manos se elevó hasta su mejilla con expresión de preocupación. “Lo sé, pero se ha arañado la cara, y realmente deberíamos ponerle bálsamo, y…, ¿porque está olisqueando?"
Lo había pillado. "¿Lo hacía?"
"Sí."
James le dedicó su sonrisa más infantil. "Huele a rosas."
"No," dijo ella, con una sonrisa divertida, "usted huele a rosas."
James comenzó a reírse. Le dolía la barbilla justo donde ella lo había golpeado dos veces, su pie palpitaba en el punto donde ella había caminado por encima, y sentía todo el cuerpo como si hubiera nadado en un rosal, lo que no estaba muy lejos de la verdad. Y aún así siguió riéndose.
Miró a la señorita Hotchkiss, que se mordisqueaba el labio inferior y lo miraba de forma sospechosa. "No me he vuelto loco, si es eso lo que le preocupa," dijo con una sonrisa divertida, "aunque me gustara aceptar su oferta de tratamiento médico."
Ella asintió enérgicamente con la cabeza. "Lo trataré mejor dentro, entonces. Hay un pequeño cuarto cerca de la cocina donde la señora Danbury guarda las medicinas. Estoy segura de que habrá alguna clase de bálsamo o loción que podamos aplicar a sus heridas."
"Va a usted… ah… a ver… ah – "
"¿Sus arañazos?" terminó ella por él, con los labios curvados en una sonrisa de auto reproche. "No se preocupe, soy lo bastante hábil para curar esos rasguños sin provocar un desenlace mortal. He limpiado mucho más cortes y raspones de los que me gusta recordar."
“¿Sus hermanos son más jóvenes que usted, entonces?"
Ella asintió. “Y aventureros. Ayer mismo Lucas y Jane me informaron de que planean construir una fortaleza subterránea. " Soltó una risita incrédula. "Me dijeron que tengo que cortar nuestro único árbol para proveerlos de listones de madera para apuntalarla. De donde sacan estas ideas, no lo sabré jamás, pero – Oh, lo siento. Es muy grosero por mi parte hablar sin parar de mi familia."
"No," dijo James, sorprendido por la rapidez de su respuesta. “Disfruto oyéndola hablar de su familia. Parecen encantadores. "
Sus ojos se suavizaron, y James tuvo la impresión de que su mente había volado muy lejos-a algún sitio, a juzgar por su soñadora sonrisa, que era muy, muy agradable. "Lo son," contestó ella. "Por supuesto nos peleamos y discutimos como todas las familias, pero – Oh, míreme. Lo estoy haciendo otra vez. Lo único que pretendía era asegurarle que tengo bastante experiencia con heridas leves. "
"En ese caso," dijo él, animosamente, "confío completamente en usted. Alguien que haya cuidado a niños pequeños es lo bastante experimentado para curar estas ínfimas heridas. "