Ella asintió, y a él no se le escapó la leve rigidez de su rostro cuando giró la cabeza a un lado. "Hace ya más de cinco años," dijo. "Estamos acostumbrado a apañárnoslas solos ahora, pero de todos modos sigue siendo" – tragó saliva – "difícil".
"Lo siento."
Ella permaneció inmóvil un momento, y después dejó escapar una pequeña y forzada risa. "Creí que acordamos no pronunciar más esas palabras."
"No," bromeó él, tratando de introducir un poco de humor en la conversación. Respetaba su deseo de no compartir su pena. "Acordamos que usted no las pronunciaría. Yo, por otra parte… "
"Muy bien," dijo ella, evidentemente aliviada porque él no iba a curiosear, "si realmente desea disculparse, estaré encantada de proporcionarle por escrito una lista de sus transgresiones."
Él se inclinó hacia delante, descansando los codos sobre sus rodillas. "¿Podría?"
"Oh, en efecto. Por supuesto, sólo tengo tres días de transgresiones que documentar, pero estoy bastante segura de que puedo llenar al menos una página."
"¿Sólo una página? Tendré que esforzarme más en – ¿Señorita Hotchkiss? "
Todo su cuerpo se había tensado y fulminaba con la mirada la puerta. “Escápese," siseó ella.
James se puso de pie para poder mirar por encima de la encimera. El gato de Tía Agatha estaba sentado en la entrada, descansando sobre sus peludos cuartos traseros. "¿Hay algún problema? " preguntó James.
Ella no apartó los ojos del animal. “Ese gato es una amenaza."
"¿Malcolm? " Él sonrió ampliamente y caminó hacia el animal. "No haría daño a una mosca."
"No lo toque," le advirtió Elizabeth. "Es maligno. "
Pero James simplemente lo levantó del suelo en brazos. Malcolm soltó un sonoro ronroneo y sepultó su cara en el cuello de James en un largo y perezoso roce.
Elizabeth quedó boquiabierta. "Ese pequeño traidor. ¡He tratado de hacerme amiga suya durante tres años!"
"Creí que trabajaba aquí desde hace cinco años."
“Cierto. Pero me rendí después de tres. Una mujer puede soportar recibir bufidos sólo cierto numero de veces."
Malcolm la miró, alzó la nariz en el aire, y volvió a restregarse contra el cuello de James con felina adoración.
James se rió entre dientes y volvió a su silla. "Estoy seguro de que me ve como un desafío. Odio a los gatos."
La cabeza de Elizabeth adoptó la más sarcástica de las inclinaciones. "Extraño, pero no parece de los que odian a los gatos."
"Bien, ya no odio a éste."
"Son el uno para el otro," refunfuñó ella. "Un hombre que odia a todos los gatos excepto a uno, y un gato que odia a toda las personas excepto a una. "
"Dos, si tiene en cuenta a Lady Danbury. " James sonrió y se recostó, sintiéndose repentinamente muy satisfecho con su vida. Estaba lejos de Londres, lejos de las debutantes de sonrisa afectada y sus avaras madres, y, de alguna manera, se había encontrado en compañía de esta joven y encantadora mujer, quien casi seguro no estaba chantajeando a su tía, y aún si lo hacia pues -bien, su corazón no había palpitado tan fuerte en años, como cuando ella había tocado con sus dedos sus labios.
Considerando que no había logrado sentir ni una pizca de interés por cualquiera de las perspectivas matrimoniales que desfilan por Londres, esto tenía que significar algo.
Y tal vez, pensó con un melancólico optimismo que no había sentido durante años, si estaba chantajeando a su tía – bueno, tal vez tenía una buena razón para ello. Tal vez tenía un pariente enfermo, o estaba siendo amenazada con el desahucio. Tal vez necesitaba el dinero por una razón importante y noble, y realmente nunca tuvo la intención de avergonzar a Agatha haciendo públicos los rumores.
James le sonrió, decidiendo que la tendría en sus brazos antes del fin de semana, y si resultaba tan estupendo como pensaba que resultaría, comenzaría a pensar en perseguirla con más ahinco. [5] "Con el incentivo apropiado," bromeó él, “podría dejar caer un par de comentarios halagadores sobre usted a nuestro peludo amigo aquí presente."
"¡No estoy interesada en absoluto en- Oh, Dios mío!"
"¿Qué?"
"¿Qué hora es?"
James sacó su reloj de bolsillo, y para su sorpresa ella se precipitó sobre él y se lo arrebató de los dedos. "¡Oh, Señor! " exclamó. "Tenía que haberme reunido con Lady Danbury en su salón hace veinte minutos. Leo para ella todas las mañanas, y – "
"Estoy seguro de que no le importará. Después de todo," – James señalo los arañazos de su cara – "tiene bastantes pruebas de que asistía a alguien herido y necesitado."
"Sí, pero no lo entiende. Se supone que yo no -O sea, se suponía que estaba practicando – " Sus ojos se llenaron de horrorizada vergüenza, y se tapó con la mano la boca.
James se puso en pie, elevándose en toda su altura y cerniéndose sobre ella con intención de intimidarla. “¿Qué iba a decir?"
"Nada," chilló ella. "Juré que no iba a hacer esto más veces."
"¿Juró que no iba a hacer qué más veces?"
"No es nada. Lo juro. Estoy segura de lo veré más tarde. "
Y antes de que él pudiera cogerla, se escabulló del cuarto.
James contempló la puerta por la que ella había desaparecido durante un minuto completo antes de reaccionar finalmente. La señorita Elizabeth Hotchkiss era rarísima. Justo cuando había empezado finalmente a actuar como ella misma-él estaba convencido de que la mujer suave, amable y de sardónico y agudo ingenio era la verdadera Elizabeth- comenzó a actuar de forma asustadiza y a tartamudear y a farfullar toda clase de tonterías.
¿Qué había dicho que tenía que hacer? ¿Leer a su tía? También había dicho algo sobre practicar algo, y luego había jurado que no iba a hacerlo más- ¿qué demonios significaba eso?
Asomó la cabeza al pasillo y miró alrededor. Todo parecía tranquilo. Elizabeth-¿cuándo había comenzado él a pensar en ella como en Elizabeth y no apropiadamente como señorita Hotchkiss? – no se la veía por ninguna parte, probablemente estaría en la biblioteca seleccionando material de lectura para la Tía-
¡Eso era! El libro. Cuando la había descubierto en sus habitaciones ella estaba encorvada sobre su copia de los ENSAYOS de Bacon.
Un recuerdo destelló en su memoria, y se vio a si mismo tratando de recoger del suelo un pequeño libro de tapas rojas el primer día que tropezaron. Ella estaba atemorizada-prácticamente saltó por delante de él para conseguir cogerlo la primera. Debió pensar que de alguna manera él se las había arreglado para conseguir ese libro.
¿Pero qué demonios había en el libro?
Capítulo 6
La vigiló durante todo el día. Sabía como seguir la pista a una persona, deslizándose por las esquinas y escondiéndose en cuartos vacíos. Elizabeth, quién no tenía razón alguna para pensar que alguien podría seguirla, no sospechó nada. James escuchó mientras ella leía en voz alta a su tía y la observó mientras ella iba de un lado a otro a través del pasillo, trayendo objetos innecesarios para su tía.
Trataba a Agatha con respeto y afecto. James siguió escuchando buscando signos de impaciencia o de cólera, pero siempre que su tía actuaba de modo irrazonable y caprichoso, Elizabeth reaccionaba con una divertida indulgencia que James encontró encantadora.
Su moderación ante los caprichos de su tía era sobrecogedora. James habría perdido la paciencia antes de mediodía. La señorita Hotchkiss aún conservaba la sonrisa cuando se marchó de Danbury House a las cuatro de la tarde.
James la miró a través de la ventana cuando ella caminó paseo abajo. Su cabeza se balanceaba ligeramente de un lado a otro, y tuvo el extraño y regocijante presentimiento de que ella iba cantando para si misma. Inconscientemente, él comenzó a silbar