Lo anterior está en un pasaje sobre el olor de Pietro. Hay una escalada de proximidad: de la mirada, que presupone una distancia, al olor, que la disminuye, y de ahí al tacto, que la anula: la historia terminará cuando Copi llegue a tocar el corazón de Pietro.
El fragmento sigue así: "debería haberte contemplado vivir de lejos, con gemelos… pero tenía necesidad de tu olor como blanco de mi mirada".
Un olor como blanco de la mirada asesina que escribe. Eso es algo más que sinestesia. Es la travesía violenta del rayo del continuo en el compacto barroco.
Las distancias se acortan. El "teatro del mundo" presupone una inclusión, y la inclusión una relación de tamaños, por la que el objeto del arte tiende a la miniatura. El espacio se hace pequeño, el tiempo se acelera. Todo se colma. Las cosas se pegan.
La posibilidad se pega al acto. De ahí el extremismo de Copi (y también la fluida-facilidad con la que opera). Los personajes no vacilan, ni siquiera ante lo más horrible: todo lo que es posible hacer, lo hacen.
Y Copi hace como ellos: basta imaginarse un posible desarrollo de la novela para que ya esté sucediendo. Es su aproximación a la escritura automática. Salvo que él la precede de una historia. Compárenlo con las hermosas novelitas de Benjamin Peret, o con Hebdomeros. Si nos atenemos a la primera definición que di (la novela es lo que pasa) los surrealistas escribieron las únicas novelas en estado puro, mutiladas de pasado, pura exposición de los acontecimientos del presente mental del autor. La hipertrofia visual del surrealismo lo hace posible. Copi en cambio utiliza el presente como escena del pasado, como "tiempo real", al modo del teatro, que expresa todas las dimensiones temporales, y las traduce, por ser presente, a una modalidad espacial.
El continuo es la condición de la felicidad, y sólo puede empezar a funcionar cuando todo se ha hecho miniatura y compacto. Cuando la distancia ha desaparecido. Eso explica los insultos al Profesor lejano, en El Uruguayo la distancia es nefasta.
Ahora, esa miniaturización del mundo, ¿quién la observa? Si todo pasa al estadio de miniatura, ¿las distancias no siguen siendo lo que eran, relativamente? ¿Hay un Gulliver en ese Liliput? Sí, pero sólo respecto de una cosa: los cuerpos del amor conservan su tamaño real todo el tiempo. Eso es lo que hace de Copi un autor erótico.
La gran victimaria en esta novela es una mujer, Marilyn. Consigue casarse sucesivamente con Pietro, con Copi, y hasta con el escultor de Baltimore, Michael Buonarroti. Marilyn es supremamente eficaz. Y es una mujer, ni lesbiana ni travestí. Pero tiene una cualidad que vale por todas las demás para volverla un amo del sueño: es una imagen. Se llama Marilyn porque es un calco de Marilyn Monroe, y cuando ésta pasa de moda se transforma en Greta Garbo.
La novela empieza con la figura del editor, remozando un viejo mito: el editor que cree en el escritor, que cree en él incluso antes de que escriba. Se trata de algo fundamentaclass="underline" el artista vale por lo que es, no por lo que hace. Pero lo que es, y El Baile de las Locas lo prueba con fantástica exuberancia, no constituye una realidad directa, sino un mito personal. "Mito" aquí está usado en un sentido ligeramente distinto al que le dimos antes, al contraponerlo al sueño. Pero en el fondo es lo mismo. Todo gran artista sabe hacer de su mito personal un mito a secas. Pasa a valer como relato. Lo probamos nosotros, reunidos aquí los martes a la noche a contarnos el cuento de Copi. Ahí está la diferencia con el "mito individual" del neurótico, que necesita la interpretación, o sea que es un sueño (por ejemplo el sueño, tan pocas veces hecho realidad, de ser un gran artista).
Copi es precioso para nosotros por más de un motivo. ¿Recuerdan el famoso cuento del chino que leía en la cola del patíbulo? Todo buen escritor, todo escritor de verdad, es útil para nuestras vidas, aunque nos falte sólo un minuto para morirnos -y en general es todo lo que nos falta. Nuestra vida es un sistema, que algunos escritores, los que alcanzamos a leer, completan. Por supuesto que no podemos leerlos a todos, pero el sistema tiene en este caso un modo propio de completarse.
La literatura es un sistema. No nos interesaría si no fuera así. Un libro único, ese famoso libro que se supone que llevaríamos a la isla desierta, no nos sirve. Pero cada autor también es un sistema. ¿Qué relación hay entre el sistema de la literatura y el sistema de Proust o de Svevo o de quien sea? ¿De inclusión? ¿De reproducción? ¿De repetición? La existencia de un tercer sistema, el del lector y su vida, creo que sugiere que la relación es de continuidad.
Copi tenía algo de escritor no profesional, no fatal. Podría no haber escrito, podría haber desplegado su genio, el mismo genio que tuvo, en otras cosas, y de hecho lo hizo. Eso lo hace tanto más escritor. Sus libros se nos aparecen como emanaciones de un sistema más amplio. Con todos los grandes escritores Sucede lo mismo, pero en la mayoría ese mecanismo es virtual; en él fue real.
Imaginemos que hubiera seguido con exclusividad el camino de las artes plásticas, del dibujo, o de la actuación. Supongamos, y es muy fácil suponerlo, que aun así hubiera seguido siendo Copi, el mismísimo Copi. En ese caso podemos imaginarnos que sus relatos existirían igual, en un estado que podríamos llamar "imaginario". Serían algo así como "guiones" de otros gestos, estallarían en un punto, en un relámpago del pensamiento o de la vida.
Ahí tocamos una condición propia de la literatura, una suerte de vacilación ontológica.
No importa que la obra exista o no. No hay falacia más persistente y destructiva en el discurso sobre las artes que ésa de la importancia. El arte no es importante, ni siquiera es necesario; por el contrario, oscila en el borde de no ser, y las más de las veces, cuando más grande es, se esfuma.
Supongamos el sistema-Copi en un Copi que no hubiera escrito una línea, ni dibujado un cuadrito, ni actuado, ni nada. Todo el sistema, con los rasgos que estamos tratando de discernir en él (la miniaturización, la velocidad, etc.) existirían lo mismo en un señor que viviera de la fortuna familiar o fuera diplomático o traficante de drogas. No existiría en su mente como una promesa incumplida (no se trata de fracaso o de ocio o de falta de realización), sino en ciertos gestos, en ciertas circunstancias, en lo que defectuosamente llamamos el Destino, en la superficie de su cuerpo y de su empleo del tiempo… Su tía paralítica no se habría transformado en la Mujer Sentada, porque no habría mujer sentada (aunque estaría la de Picasso), pero sí se habría transformado en la función que es la Mujer Sentada, y habría sido igualmente operativa en esa forma.
Parece un ejercicio inútil de la fantasía, y seguramente lo es. Pero vale la pena pensarlo a la inversa: posar la vista en alguien cualquiera, no importa lo vulgar y anodino que sea, e imaginarse el sistema del que es soporte único e intransferible. Es un ejercicio de la fantasía igual de inútil, pero mucho más difícil, y nos da una idea, un atisbo, de lo que pudo querer decir Lautréamont: "La poesía debe ser hecha por todos, no por uno". ¿Podemos imaginarnos ese mundo, de una inagotable riqueza literaria? Su mero planteo sirve para aminorar la "importancia" de la literatura. Más todavía: ese mundo excesivo, esa plétora barroca, es el único objeto que puede tener la literatura.
En esta dirección nos alejamos de la consideración "material" del texto o la obra de arte en general. Ese tipo de crítica me parece errónea y nefasta. La literatura es una actividad fantasmática, sin materialidad alguna. ¿Qué clase de materia es la que podría no haber existido?
Copi es tan valioso para nosotros porque su estilo es el de un apartamiento del texto en sí, en dirección al hombre hecho mundo. Es un gran escritor porque en él la literatura se disuelve, es decir llega a su culminación, que no es una realización.
Su obra, valiosa como lo es en sí misma, vale menos que él; o que esa forma de su persona que es su trabajo. Su apelación a distintos géneros, su minimalismo, su recurso a los géneros menores, todo coincide en hacerlo un artista en acción, menos una obra que un artista.
Esa es la ascética de Copi, y la de la literatura. Copi se hizo mundo como "hombre renacentista", hombre de todos los talentos. El llamado "humanismo" renacentista, el microcosmos del saber y el poder, desembocó en el Sistema de las Artes del barroco. La literatura es un sistema entre otros, con los que a su vez forma sistema. Y este último sistema es imaginario, un espejeo de "guiones" mutuos.