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Él rodó para apartarse de ella, y se tumbó de espaldas. Tenía los ojos cerrados y respiraba profundamente.

– ¿Wyatt?

Nada, salvo un suave ronquido.

Ella pasó la mirada por su cara, por su increíble cuerpo, hasta su erección. O más bien, hasta lo que quedaba de ella. Mientras lo miraba, se hizo más y más pequeña, ilustrando a la perfección lo que Claire sentía por dentro.

Wyatt se había desmayado en mitad de su encuentro sexual. Así de fácil. Claire se dijo que era porque había bebido mucho, pero, ¿y si no era así? ¿Y si era por su culpa? ¿Y si era tan poco excitante que él había preferido quedarse dormido a hacer el amor con ella?

Totalmente deprimida, recogió su ropa y se la puso. Aunque quería irse a casa y sufrir en privado, le preocupaba dejarlo solo. ¿Y si necesitaba atención médica?

Pensando en que la noche no podía ir peor, le puso una manta por encima y después se quedó acurrucada en el sofá, preguntándose qué era lo que tenía de malo. ¿Por qué tenía que ser un bicho raro? ¿Y de verdad iba a morir siendo la virgen más anciana de la historia del universo? De ser así, sería típico de su suerte.

Catorce

Claire se despertó a la mañana siguiente y se encontró completamente vestida en una cama extraña. Después de un segundo de desconcierto, recordó los humillantes sucesos de la noche anterior. Ojalá Wyatt estuviera lo suficientemente borracho como para no recordar nada. Por supuesto, al verse en lo que seguramente era la habitación de invitados de su casa, Claire pensó que él se había despertado y se había encontrado desnudo, en el suelo del salón, con ella acurrucada en el sofá. Tenía la impresión de que él querría hacerle unas cuantas preguntas.

Fue al baño contiguo y encontró un cepillo de dientes nuevo y pasta dentífrica en el armario. Después de lavarse la cara y los dientes, siguió el olor del café hasta la cocina, donde Wyatt, que sólo llevaba puestos unos vaqueros, estaba apoyado contra la encimera.

Se miraron el uno al otro, sin decir nada. Claire no sabía si debía disculparse o no.

– No me imaginaba que estuvieras aquí -dijo él por fin-. Me lo estaba preguntando.

– Estaba aquí.

– ¿Quieres decirme por qué?

– Nicole me contó lo de tu noche de alcohol y recriminación. Vine a aprovecharme de la situación.

– ¿Para conseguir que me sintiera peor hacia mí mismo?

– No, para seducirte.

Él arqueó una ceja.

– ¿Y crees que tienes que esperar a que esté borracho para conseguir que me acueste contigo?

– No, exactamente. Sólo pensé que sería de ayuda.

– ¿Y por qué necesitabas ayuda?

– En nuestra primera cita dijiste que querías acostarte conmigo, pero después no has hecho nada al respecto. Pensé que a lo mejor habías cambiado de opinión.

– Así que decidiste jugar con ventaja, por decirlo de algún modo.

– Supongo que sí. ¿Estás enfadado?

– ¿Porque hayas venido aquí a intentar seducirme? No.

Claire exhaló un suspiro. Ya era algo.

– Que conste que estaba esperando -continuó él-. Sabía que estás pasando por muchas cosas con Nicole y con Jesse, y con todo lo demás. No quería presionarte. Estaba esperando a que me dieras una pista cuando estuvieras lista -añadió, y sonrió ligeramente-. Cuando das una pista, la das a base de bien.

¿Él la había estado esperando? ¿No era aquello algo típico de su vida? Porque no sólo no se había dado cuenta, sino que no tenía ni idea de cómo dar aquel tipo de pista.

– Oh -susurró-. De acuerdo. Gracias por decirme eso.

– De nada -respondió Wyatt, y se acercó a ella-. Aunque recuerdo perfectamente algunos besos apasionados y un sujetador rosa, no recuerdo que pasáramos de los preliminares.

Ella se ruborizó.

– Nos… eh… atascamos.

– Demasiado whisky mata un buen rato.

– Eso parece.

Él le acarició la mejilla con los dedos.

– ¿Quieres darme otra oportunidad?

A ella se le tensaron los músculos del estómago.

– Sí. ¿Cuándo?

– Ahora.

¿Ahora? ¿Por la mañana? ¿La gente hacía aquellas cosas por la mañana?

Las preguntas se amontonaron, pero entonces Wyatt la besó y a ella dejó de importarle el momento del día.

Él sabía a menta y a café, y la besó lenta, minuciosamente, como si llevara semanas pensando hacerlo. Movió la boca contra la de ella, explorándola, jugando, consiguiendo que se acercara más y más a él.

Claire nunca había sido una persona muy madrugadora; no sabía si era por una cuestión biológica o por el hecho de que se había estado acostando tarde desde que tenía seis años. Sin embargo, pese a lo temprano de la hora, su cuerpo sintió el fuego con bastante facilidad. Recordó cómo era el contacto de sus manos en la piel, aquel lugar que Wyatt le había acariciado la noche anterior, hasta que se había desmayado, y quiso sentirlo otra vez.

Sin embargo, primero estaba aquel beso, pensó Claire mientras él se echaba hacia atrás ligeramente y le besaba la barbilla. Se deslizó por la línea de su mentón hasta el punto sensible que había bajo su oreja. Allí se detuvo, le mordisqueó la piel, lo cual le provocó un jadeo, y siguió hacia abajo por su cuello.

Ella notó que todo su cuerpo reaccionaba. Se le hincharon los senos y le provocaron una sensación de peso. Alzó las manos hasta los hombros de Wyatt para sentir su fuerza y aferrarse a él, porque sus besos iban más y más hacia abajo, hasta que llegó al borde del cuello de su camiseta.

Él tiró de la prenda hacia arriba y se la sacó por la cabeza. Entonces observó el sujetador rosa que llevaba Claire.

– De esto -murmuró- sí me acuerdo.

La abrazó y la ciñó contra sí. Ella fue dócil. Estaba deseosa de sentir su cuerpo. Su piel era cálida y sus músculos fuertes. Mientras la acariciaba, Wyatt la besó.

Ella separó los labios y él se hundió en su boca y la exploró, moviendo la lengua de una manera erótica. La agarró por las nalgas y la presionó contra sí; Claire se arqueó contra él y sintió su dureza, y sintió una presión en el estómago.

De repente, su sujetador se soltó. Él lo arrojó a un lado, y después la apretó contra sí para sentir sus pechos.

Ella se movió para acercarse más y más, pero en aquel momento, él dio un paso atrás, y Claire estuvo a punto de gritar. ¿Acaso iba a parar otra vez?

En vez de desmayarse como la noche anterior, Wyatt la tomó de la mano y comenzó a subir la escalera.

Se detuvieron en el rellano para besarse. Él deslizó las manos por su cuerpo y le tomó ambos pechos. Con los pulgares y los índices, le rozó los pezones una y otra vez, hasta que ella comenzó a jadear. De nuevo se concentró en su boca y la besó profundamente mientras la guiaba hacia su habitación.

Cuando estuvieron junto a la cama, le desabrochó el botón de la cintura y tiró de su pantalón hacia abajo, junto con las braguitas. En cuestión de segundos la tuvo desnuda ante sí.

Ella estaba excitada y nerviosa al mismo tiempo. Quería que Wyatt siguiera acariciándola, así todo era más fácil.

Él la tendió sobre la cama y se arrodilló entre sus piernas.

– Eres tan bella… -murmuró mientras se inclinaba y atrapaba uno de sus pezones entre los labios.

Claire quiso agradecerle el cumplido, pero lo que le estaba haciendo era demasiado placentero. La forma en que succionaba y lamía su cuerpo enviaba descargas a aquel lugar entre sus muslos. Se movió con inquietud, deseando más de aquella magia.

Sin embargo, no parecía que Wyatt tuviera mucha prisa. Se dedicó al otro pecho, lamiendo y mordisqueando hasta que a ella le resultó difícil respirar. Todo era maravilloso. Se dijo que debía tener paciencia, pero en realidad, quería más.

Cuando él comenzó a bajar por su estómago, regándole la piel de besos, ella se sintió desconcertada. Y cuando él se arrodilló entre sus muslos y la separó, tuvo una vaga idea de lo que iba a hacer, aunque no supiera con seguridad cómo se sentía al respecto. Y cuando él le dio un beso, con los labios abiertos, en la parte más sensible y erótica de su cuerpo, ella supo que iba a morirse allí mismo, pero que valía la pena.