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A intervalos regulares se oye en la habitación un sonido burbujeante procedente del dispositivo de drenaje, que está conectado con una sonda a la pleura perforada de Josef. De este modo se asegura la presión que ya no existe de forma natural, de manera que su pulmón pueda funcionar durante el proceso de curación.

Lisbet Carien dice en voz baja que la doctora le ha explicado que el chico debe permanecer tumbado, absolutamente inmóvil, ya que de lo contrario corre el riesgo de padecer nuevas hemorragias en el hígado.

– No voy a poner en riesgo su salud -aclara Joona, y deja la grabadora sobre la mesilla, junto a Josef.

Le dirige un gesto interrogativo a Lisbet, que asiente con la cabeza, el comisario pone en marcha el aparato y empieza a hablar. Describe la situación del interrogatorio, dice que Josef Ek es interrogado con fines informativos, que es viernes 11 de diciembre, que son las 8.15 de la mañana. Después indica qué personas hay presentes en la habitación.

– Hola -dice a continuación dirigiéndose al chico.

Él lo mira con ojos pesados.

– Me llamo Joona… Soy comisario de la policía judicial.

Josef cierra los ojos.

– ¿Cómo estás?

La trabajadora social mira por la ventana.

– ¿Puedes dormir con ese aparato burbujeante? -pregunta Joona.

Josef asiente despacio.

– ¿Sabes por qué estoy aquí?

El chico abre los ojos y niega lentamente con la cabeza. Joona espera mientras observa su rostro.

– Ha habido un accidente -dice entonces Josef-. Toda mi familia ha tenido un accidente.

– ¿Nadie te ha contado lo que ha pasado? -pregunta Joona.

– Quizá un poco -responde él débilmente.

– Se niega a ver a psicólogos o asistentes sociales -interviene Lisbet Carien.

Joona piensa en lo diferente que sonaba la voz de Josef durante la sesión de hipnotismo. Ahora es repentinamente frágil, casi inexistente, y todo el tiempo inquisitiva.

– Creo que sí sabes lo que ha pasado.

– No tienes por qué contestar -se apresura a advertirle la trabajadora social.

– Tienes quince años -continúa Joona.

– Sí.

– ¿Qué hiciste el día de tu cumpleaños?

– No me acuerdo.

– ¿Te hicieron regalos?

– Estuve viendo la tele -contesta Josef.

– ¿Fuiste a ver a Evelyn? -pregunta Joona con tono neutro.

– Sí.

– ¿A su piso?

– Sí.

– ¿Estaba allí?

– Sí.

Silencio.

– No, no estaba -se corrige Josef, dudoso.

– ¿Dónde estaba entonces?

– En la cabaña -contesta él.

– ¿Es una cabaña bonita?

– Bonita, no…, pero es acogedora.

– ¿Se alegró de verte?

– ¿Quién?

– Evelyn.

Silencio.

– ¿Llevabas algo contigo?

– Una tarta.

– Una tarta. ¿Estaba rica?

El chico asiente.

– ¿A Evelyn le pareció que estaba rica? -continúa Joona.

– A ella sólo le gusta lo mejor -dice él.

– ¿Te hizo algún regalo?

– No.

– Pero quizá te cantó…

– No quería darme mi regalo -dice él, dolido.

– ¿Eso te dijo?

– Sí, eso hizo -se apresura a contestar.

– ¿Por qué?

Silencio.

– ¿Estaba enfadada contigo? -pregunta Joona.

El asiente.

– ¿Quería que hicieras algo que no podías hacer? -continúa tranquilamente Joona.

– No, ella…

Josef pronuncia el resto de la frase en susurros.

– No te oigo, Josef.

Él sigue susurrando. Joona se acerca y se inclina sobre él para tratar de entender sus palabras.

– ¡Maldito cabrón! -grita entonces Josef en su oído.

Joona se echa hacia atrás, rodea la cama, se frota la oreja y trata de sonreír. El rostro del chico está gris como la ceniza cuando chilla:

– ¡Voy a averiguar dónde está ese maldito hipnotizador y le voy a destrozar el cuello a mordiscos, acabaré con él y con su…

La trabajadora social se precipita hacia la cama e intenta apagar la grabadora.

– ¡Josef! Tienes derecho a guardar silencio si…

– No se meta en esto -la interrumpe Joona.

Ella lo mira indignada y dice, temblando:

– Antes del interrogatorio debería haberle informado…

– No, está usted equivocada; no hay ninguna ley que regule eso -dice Joona en un tono de voz elevado-. Tiene derecho a guardar silencio, es cierto, pero yo no tengo ninguna obligación de advertírselo.

– Disculpe, entonces.

– Está bien -farfulla Joona, y se vuelve de nuevo hacia Josef-. ¿Por qué estás enfadado con el hipnotista?

– No tengo por qué contestar a sus preguntas -replica él, y señala con un gesto de la cabeza a la trabajadora social.

Capítulo 17

Viernes 11 de diciembre, por la mañana

Erik baja la escalera corriendo, sale del portal y se detiene en la calle Sveavägen. Nota que el sudor en su espalda se enfría. Siente náuseas a causa de la angustia, aún no comprende cómo ha podido ser tan estúpido como para rechazar a Simone sólo porque se sentía herido. Continúa caminando lentamente en dirección a Odenplan y se sienta en un banco frente a la biblioteca. Hace frío. Hay un hombre durmiendo un poco más allá, bajo una gruesa capa de mantas.

Erik se levanta y regresa hacia su casa. Compra unos bollos en una panadería y un café con leche para Simone. Se apresura en volver y sube la escalera a grandes zancadas. Encuentra la puerta cerrada con llave, abre y comprende al instante que el piso está vacío. Erik piensa entonces que tiene que demostrarle a Simone que puede confiar en él. Tarde el tiempo que tarde, la convencerá de nuevo. Se toma el café de pie junto a la mesa de la cocina, siente náuseas y se toma un antiácido.

No son más de las nueve de la mañana. Su turno en el hospital no empieza hasta dentro de varias horas. Coge un libro y se echa en la cama, pero en lugar de leer, empieza a pensar en Josef Ek. Se pregunta si el comisario Linna conseguirá hacerle hablar.

El piso está en completo silencio.

Una suave calma se extiende en su estómago por la medicina.

Nada de lo que se diga durante una sesión de hipnotismo puede usarse como prueba policial, pero Erik sabe que Josef dijo la verdad, que fue él quien mató a su familia, aunque no sepan el verdadero motivo, ni por qué de alguna forma parecía sentirse dirigido por la hermana.

Erik cierra los ojos e intenta imaginar el adosado donde vivía la familia Ek. Evelyn debió de darse cuenta pronto de que su hermano era peligroso. Con los años, la chica aprendió a vivir con la falta de control que él tenía sobre sus impulsos, a sopesar siempre sus deseos para evitar el riesgo de un ataque de ira. Josef seguramente fue un niño agresivo, sus padres le regañaban, pero servía de poco. Como su hermana mayor que era, Evelyn no debió de tener ninguna protección contra él. La familia manejó la violencia de Josef de día en día, intentó sobrellevarla, pero no fueron conscientes de la gravedad de la situación. Los padres quizá pensaban que su comportamiento agresivo se debía a que era un chico. Es posible que se culparan por haberle dejado jugar con videojuegos violentos, por haberle permitido ver películas de terror.

Evelyn abandonó el hogar en cuanto pudo, se buscó un trabajo y un piso, pero algo le hizo adivinar la peligrosidad creciente. Un día sintió tanto miedo que fue a ocultarse en la cabaña de su tía y se llevó una escopeta consigo para protegerse.

¿La había amenazado Josef?

Erik intenta imaginarse el miedo de Evelyn durante las noches en la cabaña, en la oscuridad, con la escopeta cargada junto a la cama.

Piensa en su conversación telefónica con Joona Linna tras el interrogatorio de la chica. ¿Qué pasó cuando Josef se presentó en la cabaña con una tarta? ¿Qué le dijo él? ¿Qué sintió ella? ¿Fue entonces cuando se asustó y se hizo con la escopeta? ¿Fue después de su visita cuando empezó a vivir con el miedo de que la matara?