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– El fiscal no se va a conformar. Querrá saber toda la historia.

– La vida está llena de «querrá», Myron. El fiscal no lo conseguirá en este caso. Tendrá que aceptar la realidad. Y a fin de cuentas, no es más que un suicidio. Sea de un famoso o no, no será una prioridad. -Metió una mano en el bolsillo y sacó un trozo de papel-. Tenga -dijo-. Es la nota de suicidio de Clu.

Myron titubeó. Cogió la nota y de inmediato reconoció la letra de Clu. Comenzó a leer.

Querida señora Mayor:

El tormento ha durado demasiado. Sé que no aceptará mi disculpa y no puedo decir que la culpe. Pero tampoco me quedan fuerzas para enfrentarme a usted. He estado huyendo de aquella noche toda mi vida. Hice daño a mi familia y a mis amigos, pero no herí a nadie tanto como a usted. Espero que mi muerte le dé algo de consuelo.

Soy yo el culpable de lo que ocurrió. Billy Lee Palms sólo hizo lo que le dije. Lo mismo ocurre con Myron Bolitar. Yo le pagué a la policía. Myron sólo entregó el dinero. Nunca supo la verdad. Mi esposa había quedado inconsciente en el accidente. Ella tampoco supo la verdad y todavía no la sabe.

El dinero está todo aquí. Haga con él lo que quiera. Dígale a Bonnie que lo siento y que lo comprendo todo. Y que mis hijos sepan que su padre siempre los quiso. Son la única cosa pura y buena en mi vida. Usted, entre todas las personas, debería comprenderlo.

Clu Haid

Myron leyó la nota de nuevo. Se imaginó a Clu escribiendo, después dejándola a un lado, recogiendo el arma y poniéndosela contra la cabeza. ¿Cerró los ojos? ¿Pensó en sus hijos, los dos niños con sus sonrisas, antes de apretar el gatillo? ¿Titubeó en algún momento?

Su mirada permaneció fija en la nota.

– No le creyó -dijo.

– ¿Sobre la responsabilidad de los demás? No. Sabía que mentía. Usted, por ejemplo. Fue más que un simple repartidor. Usted sobornó a los oficiales.

– Clu mintió para protegerme -señaló Myron-. Al final se sacrificó a sí mismo por aquellos que amaba.

Sophie frunció el entrecejo.

– No lo convierta en un mártir.

– No lo hago. Pero usted no puede salir impune de lo que ha hecho.

– Yo no hice nada.

– Hizo que un hombre, padre de dos hijos, se suicidase.

– Tomó una decisión, eso es todo.

– No se lo merecía.

– Y mi hija no se merecía ser asesinada y enterrada en una tumba anónima.

Myron observó las luces del estadio, dejó que le cegasen un poco.

– Clu estaba limpio de drogas. Le pagará el resto de su salario.

– No.

– También hará que el todo mundo sepa, incluyendo a sus hijos, que al final Clu no tomaba drogas.

– No -repitió Sophie-. El mundo no lo sabrá. Y tampoco sabrá que Clu era un asesino. Yo diría que es un buen acuerdo, ¿no le parece?

Myron leyó de nuevo la nota, las lágrimas le ardían en los ojos.

– Un heroico momento al final no le redime -añadió Sophie.

– Pero dice algo.

– Váyase a casa, Myron. Alégrese de que todo haya acabado. Si la verdad acaba por salir a la luz, sólo queda un culpable por recibir el castigo.

Myron asintió.

– Yo.

– Sí.

Se miraron el uno al otro.

– No sabía nada de su hija.

– Ahora lo sé.

– Creyó que había ayudado a Clu a taparlo todo.

– No, sabía que había ayudado a Clu a taparlo. Lo que no sabía era si usted sabía lo que estaba haciendo. Por eso le pedí que buscase a Lucy; para saber hasta dónde estaba involucrado.

– El vacío -dijo Myron.

– ¿Qué pasa con el vacío?

– ¿Esto ayuda a llenarlo?

Sophie se lo pensó.

– Por curioso que parezca, la respuesta es que sí, lo creo. No me devuelve a Lucy. Pero tengo la sensación de que ahora está enterrada como es debido. Creo que podemos dejar que la herida cicatrice.

– ¿Así que todos seguimos adelante y ya está?

Sophie sonrió.

– ¿Qué más podemos hacer?

Ella le hizo un gesto a Jared. Éste cogió la mano de su madre y juntos caminaron hacia el banquillo.

– Lo siento mucho -dijo Myron.

Sophie se detuvo. Soltó la mano de su hijo y observó a Myron por un momento, sus ojos moviéndose por su rostro.

– Cometió un delito muy grave al sobornar a aquellos agentes de policía. Hizo que mi familia y yo pasásemos años de agonía. Probablemente contribuyó a la muerte prematura de mi marido. Ha tenido algo que ver en las muertes de Clu Haid y Billy Lee Palms. Y al final me hizo cometer unos actos horribles que siempre había creído que era incapaz de cometer. -Ella volvió junto a su hijo, su mirada ahora más cansada que acusadora-. Ya no volveré a hacerle daño. Pero si no le importa, no acepto su disculpa.

Le dio a Myron un momento para que respondiese. Él no lo utilizó. Bajaron los escalones y desaparecieron, y Myron se quedó solo con la hierba, la tierra y las brillantes luces del estadio.

39

En el aparcamiento Win frunció el entrecejo y guardó su revólver del calibre 44.

– Nadie sacó un arma.

Myron no dijo nada. Subió al coche. Win subió al suyo.

El móvil de Myron sonó antes de que pasasen cinco minutos. Era Hester Crimstein.

– Retiran los cargos -dijo la abogada-. Esperanza saldrá en libertad mañana. Ofrecen una exoneración total y una disculpa si prometemos no pleitear.

– ¿Lo aceptará?

– La decisión le corresponde a Esperanza. Pero creo que estará de acuerdo.

Myron fue hasta la casa de Bonnie. Su madre abrió la puerta y lo miró furiosa. Myron pasó a su lado y encontró a Bonnie sola. Le mostró la nota. Ella lloró. Él la abrazó. Miró a los dos niños dormidos y permaneció en la puerta hasta que la madre de Bonnie le tocó el hombro y le pidió que se fuese. Él lo hizo.

Volvió al apartamento de Win. Cuando abrió la puerta, la maleta de Terese estaba junto a la entrada. Entró en el vestíbulo.

– Has hecho la maleta -dijo Myron.

Ella sonrió.

– Amo a un hombre que no pasa nada por alto.

Él esperó.

– Dentro de una hora me marcho a Atlanta -explicó ella.

– Ah.

– Hablé con mi jefe en la CNN. La audiencia está bajando. Quiere que mañana vuelva a estar en el aire.

– Ah -dijo Myron de nuevo.

Terese se tiró del anillo que llevaba en el dedo.

– ¿Alguna vez has probado una relación a larga distancia? -preguntó.

– No.

– Quizá valdría la pena intentarlo.

– Quizá.

– Me han dicho que el sexo es fantástico.

– Ése nunca ha sido nuestro problema, Terese.

– No -dijo ella-. Nunca lo ha sido.

Él consultó su reloj.

– ¿Has dicho sólo una hora?

Terese sonrió.

– En realidad, una hora y diez minutos.

– Vaya -dijo él y se acercó.

A medianoche Myron y Win estaban en la sala viendo la televisión.

– La echarás de menos -dijo Win.

– Este fin de semana vuelo a Atlanta.

Win asintió.

– El mejor escenario.

– ¿Qué significa?

– Significa que eres el tipo lamentable y necesitado que se siente incompleto sin una novia constante. ¿Quién mejor que una mujer de carrera que vive a mil seiscientos kilómetros?

Más silencio. Miraron una reposición de Frasier en el Canal n. La serie comenzaba a atraparlos a los dos.

– Un agente representa a sus clientes -dijo Win durante los anuncios-. Eres su abogado. No puedes preocuparte por las repercusiones.

– ¿De verdad lo crees?

– Claro, ¿por qué no?

Myron se rió.

– Sí, ¿por qué no? -Miró otro de los anuncios-. Esperanza dijo que me estoy sintiendo cada vez más cómodo saltándome las reglas.