(Apartó los ojos y volvió a estremecerse. Arrojó un tronco a la chimenea y ni entonces ni después se dio cuenta de que lo que había echado a las llamas era un trozo del trono, y no un tronco.)
3
Sma siempre había sospechado que muchas tripulaciones de nave estaban locas. De hecho, incluso sospechaba que un cierto número de naves tenían graves problemas que resolver en el departamento de la cordura. El piquete ultrarrápido Xenófobo sólo contaba con veinte tripulantes, y Sma se había dado cuenta de que por regla general cuanto menos numerosa era la tripulación más raro resultaba su comportamiento. Saberlo hizo que estuviera preparada para enfrentarse a gente bastante rara incluso antes de que el módulo entrase en el hangar.
—¡Atchís! —El joven tripulante estornudó y se tapó la nariz con una mano mientras ofrecía la otra a Sma para ayudarla a bajar del módulo. Sma apartó la mano con bastante brusquedad mientras observaba la nariz enrojecida y los ojos llorosos del joven—. Llamo Ais Disgarb —dijo el tripulante mientras parpadeaba y ponía cara de sentirse algo ofendido—. En-venida a ordo.
Sma volvió a alargar la mano cautelosamente hacia él. La mano del tripulante estaba ardiendo.
—Gracias —dijo.
—Skaffen-Amtiskaw —dijo la unidad a su espalda.
—¿Tal?
El tripulante saludó a la unidad con la mano. Sacó un trocito de tela del interior de una manga y lo usó para secarse las lágrimas y sonarse la nariz.
—¿Se encuentra bien? —preguntó Sma.
—No ucho —dijo el joven—. Toy estriado. —Señaló a un lado del hangar—. Vengan conmigo.
—Así que está resfriado… —dijo Sma asintiendo con la cabeza mientras empezaba a caminar junto a él.
El joven vestía un caftán, y daba la impresión de haberse levantado de la cama hacía poco.
—Sí —dijo.
Les precedió por entre el montón de embarcaciones auxiliares, satélites y demás parafernalia espacial del Xenófobo y fue hacia la parte trasera del hangar. Volvió a estornudar y sorbió aire ruidosamente por la nariz.
—Es omo una pecie e moda en la ave.
Habían empezado a pasar por entre dos módulos que estaban muy juntos. Sma se encontraba detrás del joven y aprovechó el que no le veía para volverse rápidamente hacia Skaffen-Amtiskaw. Sus labios se movieron articulando las palabras «¿Qué ha dicho?» sin hacer ningún ruido, pero la máquina se limitó a oscilar de un lado a otro con su equivalente al encogimiento de hombros humano. Después alteró los campos de su aura creando un telón de fondo rosado sobre el que aparecieron letras de color gris. Yo tampoco le he entendido, decía el mensaje.
—Ensamos que ría teresante relajar nuetros temas inmunes y pillar esfriados —explicó el joven mientras les llevaba al ascensor que había al otro extremo del hangar.
—¿Todos? —preguntó Sma. La puerta se cerró detrás de ellos y el ascensor se puso en marcha—. ¿Toda la tripulación?
—Sí, peo no tos al mimo empo. Los que san cuperado dicen ques muy vertido cuando se te pasa.
—Ya… —murmuró Sma.
Lanzó una rápida mirada de soslayo a la unidad y vio que el campo de sus auras se había vuelto de un color azul claro —respeto e interés—, pero en uno de los lados había un punto rojizo de gran tamaño que probablemente sólo ella podía ver. El punto se encendía y se apagaba a gran velocidad. En cuanto lo hubo visto tuvo que hacer un considerable esfuerzo para no echarse a reír.
—Sí, supongo que debe de ser muy divertido —dijo después de haber carraspeado para aclararse la garganta.
El joven volvió a estornudar.
—Tengo la impresión de que necesitan un permiso, ¿eh? —dijo Skaffen-Amtiskaw.
Sma le dio un codazo.
El joven tripulante se volvió hacia la máquina y la contempló con cara de perplejidad.
—Cabo e tener uno —respondió.
La puerta del ascensor empezó a abrirse y el joven volvió la cabeza hacia ella. Sma y Skaffen-Amtiskaw intercambiaron una rápida mirada y Sma bizqueó.
Entraron en un área de reuniones y diversión bastante grande cuyo techo y paredes estaban recubiertas por una madera de color rojo oscuro tan pulida y lustrosa que parecía brillar. El recinto contenía un gran número de sillones y sofás muy mullidos y unas cuantas mesitas bajas. El techo no era muy alto, pero estaba compuesto por ondulaciones de un material parecido al yeso que nacían de las paredes, y las linternas que lo adornaban hacían que resultara muy hermoso. El nivel de iluminación parecía indicar que estaban a principios de la mañana según el horario de la nave. Las personas que estaban sentadas alrededor de una mesa se pusieron en pie y fueron hacia ellos para darles la bienvenida.
—Sba —dijo el joven tripulante señalando a Sma con una mano.
Su voz parecía hacerse más pastosa e ininteligible a cada segundo que pasaba. El grupo de personas —la proporción de hombres y mujeres era similar—, la acogió con sonrisas y asentimientos de cabeza y empezó a presentarse. Sma asintió e intercambió unas cuantas palabras con ellas; la unidad se limitó a decirles hola.
Uno de los hombres se acercó a ella y le ofreció un bultito de pelos marrones y amarillos sosteniéndolo junto a su hombro como si fuera un bebé.
—Toma —dijo, y le pasó el animalito peludo.
Sma lo cogió con bastante reluctancia. Estaba caliente, poseía cuatro miembros colocados de la forma convencional, desprendía un olor bastante agradable y no se parecía a ninguna de las especies de animales que conocía. Tenía una cabeza muy grande con un par de orejas enormes, y apenas lo hubo cogido el animalito abrió unos ojos inmensos y la observó fijamente.
—Es la nave —dijo el hombre que había estado sosteniéndolo junto a su hombro.
—Hola —dijo el animalito.
Los ojos de Sma lo recorrieron de arriba abajo con cierta incredulidad.
—¿Eres el piquete ultrarrápido Xenófobo?
—Soy su representante. La parte con la que puedes hablar… Puedes llamarme Xenito. —El animalito sonrió y Sma pudo ver que sus dientes eran muy pequeños y redondeados—. Ya sé que la mayoría de naves utilizan un sensor o algún tipo de unidad remota, pero… —Volvió la cabeza hacia Skaffen-Amtiskaw—. Pueden llegar a ser un poco aburridos, ¿no te parece?
Sma sonrió y captó el rápido parpadeo del aura de Skaffen-Amtiskaw por el rabillo del ojo.
—Bueno… —dijo—. Sí, a veces pueden serlo.
—Oh, sí —dijo el animalito asintiendo con la cabeza—. Yo soy mucho más mono. —Se retorció entre sus dedos y puso cara de sentirse muy a gusto—. Bueno… —dijo, y se rió—. ¿Quieres que te enseñe tu camarote?
—Sí, buena idea —dijo Sma, y se puso el animalito encima del hombro.
Sma, la extraña unidad remota de la nave y Skaffen-Amtiskaw se dirigieron hacia la zona de camarotes y los tripulantes se despidieron de ellos diciendo que ya les verían después.
—Oooh… Qué suave y caliente eres —murmuró la diminuta criatura de color marrón y amarillo con voz soñolienta mientras se acurrucaba en la curva del cuello de Sma. Acababan de llegar al pasillo enmoquetado que llevaba a los aposentos de Sma. El animalito se removió y Sma se encontró dándole palmaditas en la espalda—. Por aquí —dijo en cuanto llegaron a una encrucijada—. Por cierto, esa pequeña sacudida significa que acabamos de abandonar nuestra órbita.
—Estupendo —dijo Sma.
—¿Me dejarás dormir contigo?
Sma se quedó inmóvil, apartó a la criatura de su hombro con una sola mano y la sostuvo delante de su cara.
—¿Qué has dicho?
—Oh, así nos conoceremos más pronto y nos haremos amigos enseguida —dijo el animalito parpadeando y bostezando como si estuviera a punto de quedarse dormido—. No creas que soy grosero. Dormir juntos es un sistema de crear lazos personales que siempre da resultados excelentes.