Выбрать главу

Ella agitó la cabeza.

—Los bebés son el resultado evidente, pero en absoluto el propósito primario. Los bebés dan significado al futuro, y eso es una gran corrección. Pero sólo tres o cuatro o una docena de veces se produce la aceleración de un bebé en la vida de una mujer, de entre los miles de veces que puede compartir…, y ésa es la finalidad primaria de que lo hagamos tan a menudo, cuando necesitaríamos hacerlo muy de tarde en tarde si fuera sólo para reproducirnos. Es el compartir y el acercarse, para siempre y siempre. Jubal, Mike asimiló esto porque en Marte las dos cosas, la aceleración ovípara y el acercamiento, son dos funciones separadas por completo, y asimiló también que nuestro sistema es mejor. Y para él es un motivo de felicidad no haber eclosionado marciano, sino humano…, ¡y que haya mujeres!

Jubal la miró atentamente.

—Chiquilla, ¿está usted embarazada?

—Sí, Jubal. Asimilé al fin que la espera había terminado y que era libre de quedar embarazada. La mayor parte de las mujeres del Nido no necesitan esperar, pero Dawn y yo hemos tenido mucho trabajo. Pero cuando asimilamos la inminencia de este punto crítico culminante me di cuenta de que dispondríamos de tiempo después de él, y puede ver que lo tendremos. Mike no reconstruirá el Templo de la noche a la mañana, así que las sumas sacerdotisas no estarán tan atareadas y podrán gestar. La espera siempre se llena.

Jubal extrajo de entre aquel revoltijo de palabras el hecho central, o la creencia de Jill relativa a tal posibilidad. Bueno, sin duda había tenido todas las oportunidades necesarias y más. Decidió mantener su atención sobre el asunto e intentar llevarse a Jill a casa para que pasase allí el embarazo. Los métodos de superhombre que tenía Mike estaban muy bien, pero no se perdería nada con tener a mano el mejor instrumental y técnicas. Perder a Jill por culpa de la eclampsia o cualquier otro contratiempo era algo que no estaba dispuesto a dejar que ocurriese, aunque tuviera que ponerse duro con los chicos.

Pensó en otra posibilidad…, pero decidió no mencionarla.

—¿Dónde está Dawn? ¿Y dónde está Mike? La casa parece espantosamente tranquila.

No había aparecido nadie por el pasillo donde estaban y no había oído ningún tipo de voces…, y, sin embargo, aquella extraña sensación expectante y feliz era incluso más fuerte que el día anterior. Cabía esperar una cierta relajación después de la ceremonia en la que, aparentemente, había participado sin saberlo, pero el lugar estaba más cargado que nunca. De pronto recordó lo que había sentido cuando era muy pequeño, mientras aguardaba que pasase el desfile de su primer circo, cuando alguien exclamó: «¡Ahí vienen los elefantes!».

Jubal tuvo la sensación de que, puesto que había crecido un poco, podría ver los elefantes por encima de la multitud. Pero no había ninguna multitud.

—Dawn me ha dicho que le dé un beso en su nombre: estará ocupada durante las tres próximas horas. Y Mike está muy ocupado también; ha vuelto a retraerse.

—Oh.

—No se sienta tan decepcionado; pronto quedará libre. Está haciendo un esfuerzo especial para poder ponerse a su disposición…, y para que todos nosotros quedemos libres también. Duque se ha pasado toda la noche recorriendo la ciudad en busca de grabadoras de cinta de alta velocidad, que son las que utilizamos para el diccionario, y ahora todo el mundo capacitado para ello se encuentra trabajando en los símbolos fonéticos marcianos. Luego Mike habrá acabado, y podrá dedicarse a las visitas.

»Dawn acaba de empezar una sesión de dictado; yo terminé la mía hace un momento y vine para darle los buenos días…, pero ahora tengo que volver a cumplir con la última parte de mi tarea, así que estaré ausente un poco más de tiempo que Dawn. Y aquí está el beso de Dawn…, el primero era mío —Jill le rodeó el cuello con los brazos y aplicó ávidamente su boca contra la de él; finalmente exclamó—. ¡Dios mío! ¿Por qué aguardamos tanto tiempo? ¡Volveré enseguida!

Jubal encontró a unas cuantas personas en el comedor. Duque alzó la vista, sonrió, agitó una mano y siguió comiendo con ganas. No parecía haber pasado la noche en blanco… y en realidad eran dos noches las que había estado sin pegar ojo.

Becky Vesey miró a su alrededor cuando Duque agitó la mano; lo vio y le dijo alegremente:

—¡Hola, viejo chivo! —cogió a Jubal de una oreja, tiró de él hacia abajo y susurró—. Te he conocido desde siempre, pero…, ¿por qué no acudiste a consolarme cuando falleció el Profesor? —y añadió en voz alta—. Siéntate aquí a mi lado y te meteremos un poco de comida en la barriga, mientras me cuentas qué diabólicas conspiraciones has estado tramando últimamente.

—Sólo un momento, Becky… —Jubal rodeó la mesa—. Hola, capitán. ¿Tuvo buen viaje?

—Sin complicaciones. Un paseo tranquilo. Me parece que no conoce usted a la señora Van Tromp. Querida, te presento al padre fundador de toda esta gran hazaña, el único y exclusivo Jubal Harshaw. Dos hubieran sido demasiado.

La esposa del capitán era una mujer alta y sencilla, con los ojos tranquilos de quien ha contemplado el Sendero de la Viudez. Se puso en pie y besó a Jubal.

—Usted es Dios.

—Oh, usted es Dios.

Jubal decidió que sería mejor que se olvidara del ritual. Demonios, si lo decía las suficientes veces, podía perder el resto de los tornillos que le quedaban y creerlo… Selló esta decisión con un amistoso abrazo al capitán y un beso a su esposa. Luego se dijo que la señora Van Tromp incluso podía enseñar a Jill algo sobre el arte de besar. La mujer… —¿cómo lo había descrito Anne una vez?— concedía al acto toda su atención; no estaba en ninguna otra parte.

—Supongo, Van —dijo—, que no debería sorprenderme de hallarle aquí.

—Bueno —repuso el astronauta—, un hombre que va y viene de Marte tendría que estar en condiciones de parlamentar con los nativos, ¿no cree?

—Sólo alguna conferencia de vez en cuando, ¿eh?

—Hay otros aspectos —Van Tromp tendió la mano hacia una tostada; ésta cooperó—. Buena comida, buena compañía.

—Hum, sí.

—Jubal —llamó Madame Vesant—, ¡la sopa está a punto!

Harshaw volvió a su sitio y encontró frente a sí huevos, zumo de naranja y otras cosas sabiamente elegidas. Becky le palmeó en la pierna.

—Una estupenda reunión de fieles, muchacho.

—¡Mujer, vuelve a tus horóscopos!

—Eso me recuerda una cosa, querido. Necesito saber el momento exacto de tu nacimiento.

—Oh, nací en tres días sucesivos, a distintas horas. Era un chico demasiado grande; tuvieron que manejarme por secciones.

La respuesta de Becky fue rudamente decidida:

—Lo averiguaré.

—El juzgado se incendió cuando yo tenía tres años. No podrás.

—Hay medios. ¿Te apuestas algo?

—Sigue maquinando cosas en contra mía, y descubrirás que no eres demasiado crecida para escapar de unos azotes. ¿Qué ha sido de tu vida, muchacha?

—¿Qué opinas tú? ¿Tengo buen aspecto?

—Saludable. Un poquito ancho en la parte trasera. Te has retocado el cabello.

—En absoluto. Dejé de teñirme hace meses. Tú sí que deberías hacerlo, compañero, para librarte de esas canas. Sustitúyelas con un buen césped.

—Becky, me niego a ser más joven por ninguna razón. He alcanzado la decrepitud por la senda penosa, y me propongo disfrutarla. Deja de parlotear y permite que un hombre coma tranquilo.

—De acuerdo, viejo chivo.

Jubal estaba a punto de abandonar el comedor cuando entró el Hombre de Marte.

—¡Padre! ¡Oh, Jubal! —Mike le abrazó y le besó.