Estaban comenzando a llegar los deportistas al coctel previo a la cena cuando uno de los camareros murmuró al oído de Bobby Tom que alguien quería hablar con él en el piso de abajo. Mientras se abría paso por el vestíbulo, sintió irritación. ¿Dónde se había metido Gracie? Había esperado que estuviera allí a esas alturas. Un montón de gente la esperaba expectante y quería presentarla él a todo el mundo. Gracie era la mujer con menos conocimiento de deportes que él conocía y sabía que eso podría meterla en problemas esa noche, proporcionándole a él una tarde entera de diversión En realidad aún no entendía porque su ignorancia en deportes le parecía algunas veces una de sus mejores cualidades.
Se dirigió por las alfombradas escaleras al piso inferior, donde estaban los vestuarios vacíos. La puerta de cristales desembocaba en la zona de golf que debería estar cerrada con llave, pero estaba entreabierta y entró. Sólo había una luz encendida y no vio al hombre que permanecía de pie en la esquina más alejada de la habitación hasta que Way Sawyer lo llamó por su nombre.
– Denton.
Bobby Tom había sabido que iba a tener que enfrentarse pronto a Sawyer, pero no hubiera escogido nunca esa noche para hacerlo. Había visto el nombre de Sawyer en la lista del invitados, así es que no era realmente una sorpresa aunque no había tenido intención de hablar con él. Por alguna razón ese hombre estaba relacionado con la tristeza de su madre, y quería saber por qué.
Way parecía enorme en la oscuridad y cuando dio un paso adelante vio que un esmoquin cubría holgadamente su cuerpo y llevaba un palo de golf en la mano. Su traje de etiqueta no ocultaba lo ojeroso que estaba, como si no hubiera dormido una noche completa en mucho tiempo. Bobby Tom intentó controlar su antipatía. A pesar del anuncio de Sawyer sobre Tecnologías Rosa, nunca le gustaría ese hombre. Era un frío hijo de puta de corazón duro que vendería a su propia abuela si fuera necesario.
Dejó de lado la impresión fugaz de que ahora mismo Sawyer parecía más cansado que cruel.
– ¿Qué quieres? -contestó fríamente.
– Quiero hablar contigo sobre tu madre.
Ese era exactamente el tema que tenían que discutir, pero Bobby Tom sintió que se estaba enfadando.
– No hay nada de lo que hablar. Tú mantente bien lejos de ella y todo estará bien.
– Ya me he mantenido alejado. ¿Han mejorado las cosas? ¿Es feliz?
– Es condenadamente feliz. Nunca la había visto tan feliz.
– Estás mintiendo.
A pesar de sus palabras, Bobby Tom oyó la incertidumbre de la voz de Sawyer y lo aprovechó.
– La última vez que hablé con ella, estaba entusiasmada con hacer un pequeño crucero y añadir algunas plantas nuevas a su jardin. Ha estado tan ocupada con sus amigos que no hemos tenido demasiado tiempo para estar juntos.
Los hombros de Sawyer bajaron casi imperceptiblemente, y sus dedos quedaron laxos sobre el palo de golf con el que jugueteaba, pero Bobby Tom no se detuvo. De alguna manera ese hombre había lastimado a su madre, y tenía que asegurarse que no ocurría de nuevo.
– Por lo que yo sé, no tiene ni una sola preocupación en el mundo.
– Ya veo. -Way se aclaró la voz-. Echa mucho de menos a tu padre.
– ¿Crees que no lo sé?
Way se apoyó contra el mostrador.
– Te pareces mucho a él, ¿sabes? La última vez que lo ví, tenía dieciocho o diecinueve años, pero aún así el parecido es evidente.
– Eso dice la gente.
– Lo odiaba.
– Imagino que él tampoco sentiría mucho cariño por ti.
– Es dificil decirlo. Si yo le desagradaba nunca lo mostró y te aseguro que le dí suficientes motivos. Era jodidamente agradable con todo el mundo.
– ¿Entonces por qué lo odiabas? -La pregunta escapó de sus labios a pesar de su intención de mantenerse al margen.
Way pasó la mano por el palo de golf.
– Mi madre limpió algún tiempo en casa de tu abuela, ¿lo sabías? Fue antes de que perdiera la esperanza sobre la vida y tomara otro camino. -Hizo una pausa y Bobby Tom pensó en la historia que había contado durante años de que su madre era una prostituta. Había sido una broma para él, pero no para Sawyer y a pesar de su aversión por ese hombre, sintió vergüenza.
Way siguió:
– Tu padre y yo éramos de la misma edad, pero él era más grande y cuando estábamos en sexto o septimo, tu abuela le daba a mi madre toda su ropa usada. Tenía que ir a la escuela con la ropa de segunda mano de tu padre y estaba tan celoso que algunas veces casi me ahogaba por ello. Todos los días me veía ir a la escuela con su ropa vieja y nunca dijo una sola palabra. Ni una. Pero no sólo a mi, a nadie. De todas maneras los demás niños se dieron cuenta y se burlaron: “Oye Sawyer, ¿no es esa la camisa vieja de cuadros de Hoyt?”. Si tu padre hubiera estado por allí, hubiera negado con la cabeza y dicho: “ Caramba, no. Nunca la había visto antes”. Jesús, lo odiaba por eso. Si sólo me hubiera tirado mi pobreza a la cara, podría haberme pegado con él. Pero nunca lo hizo y evocándolo, supongo que no estaba en su naturaleza. De alguna manera, creo que me hubiera llevado bien con él, hubieramos sido buenos amigos.
Bobby Tom se sintió un orgullo tan abrumador como inesperado. Y luego, casi inmediatamente, un devastador sentimiento de pérdida. Se mostró insensible para no exteriorizar ninguna de esas emociones.
– Pero incluso así lo odiabas.
– Supongo que era envidia. En secundaria le rompí la taquilla y robé la chaqueta que guardaba allí. Creo que nunca supo que había sido yo. Nunca pude ponerme la maldita cosa, por supuesto; ni siquiera quería. Pero la cogí y la quemé, así nunca podría volver a ponérsela él tampoco. Tal vez pensé que quemándola, quemaba parte de él o tal vez únicamente fuera que no podía soportar ver como se la ponía por los hombros a tu madre cuando iban para casa. Esa maldita cosa le llegaba casi por las rodillas.
Esa visión de sus padres como estudiantes de secundaria hizo que Bobby Tom se sintiera extrañamente desorientado.
– ¿Se trataba de eso? Era por mi madre.
– Supongo que siempre lo ha sido. -Sus ojos se nublaron como si sus pensamientos los inundaran-. Era tan bonita. Ella piensa que no porque no llevó sujetador hasta el segundo año y es todo lo que recuerda, pero yo no, era preciosa, con sujetador o sin él. Era como tu padre, amable con todo el mundo. -Se rió con genuina diversión-. Con todo el mundo salvo conmigo. Un día se encontró conmigo en el vestíbulo cuando no había nadie más. Iba a llevar algo al despacho de un profesor, supongo, ya que era hora de clase. Me subí las solapas, me recosté contra unas taquillas. Le dirigí mi mejor mirada de matón y la miré de arriba abajo, probablemente la asusté de muerte. Recuerdo que tensó las manos en el sobre que llevaba, pero me miró fijamente y me dijo: “Wayland Sawyer, si no quieres acabar tirado en la calle, sería mejor que estuvieras en clase”. Toda una señora, tu madre.
Era duro seguir mostrando antipatía ante tamaña e implacable honradez, pero Bobby Tom se recordó que Sawyer ya no era un matón adolescente y que ahora la amenaza sobre su madre seguía siendo real.
– Una cosa es lo que hizo un niño -dijo quedamente-. Y otra lo que hizo un hombre. Dime qué le has hecho.
Bobby Tom realmente no esperaba que le contestara y no se sorprendió cuando Sawyer se giró sin responder y caminó hacia el perchero de madera. Cuando devolvió a su sitio el palo de golf, se apoyó contra el mostrador con una postura casual pero su cuerpo estaba tenso. Bobby Tom se puso alerta, como si estuviera a punto de recibir un golpe.
Way miró al techo y tragó saliva.
– La hice creer que cerraría Tecnologías Rosa a no ser que se convirtiera en mi amante.
Bobby Tom sintió una explosión en su interior. Atravesó velozmente la estancia con intención de matar a ese hijo de puta, para pararse justo delante de él dejando que la frialdad sustituyera la furia. Tomó por las solapas al otro hombre.