—Espléndidamente.
—Oh, bien. Temía que lo retuvieran hasta que les entregáramos también a Van der Poole.
—Sobre Van der Poole… Galen —dijo Miles—. Ah… ya no trabajamos para los barrayareses en ese caso. Han traído su propio equipo desde el cuartel general del Sector en Tau Ceti.
Thorne frunció el ceño, aturdido.
—¿Y todavía estamos trabajando?
—Por el momento. Pero será mejor que corras la voz a nuestra gente de abajo. A partir de este momento, hay que evitar todo contacto con los barrayareses.
Thorne alzó las cejas.
—¿Para quién trabajamos, entonces?
—Para mí.
Thorne hizo una pausa.
—¿No se está tomando esto muy a pecho, señor?
—Demasiado a pecho, si mi gente de Inteligencia tiene que continuar siendo efectiva —suspiró Miles—. Muy bien. Un extraño e inesperado contratiempo personal ha aparecido en mitad de este caso. ¿Te has preguntado alguna vez por qué nunca hablo de mi entorno familiar, o de mi pasado?
—Bueno… hay un montón de dendarii que no lo hacen, señor.
—Cierto. Yo nací siendo un clon, Bel.
Thorne sólo pareció ligeramente compasivo.
—Algunos de mis mejores amigos son clones.
—Tal vez debería decir que fui creado como clon. En el laboratorio militar de una potencia galáctica de cuyo nombre no quiero acordarme. Fui creado para sustituir en un plan secreto al hijo de cierto hombre importante, clave de otra potencia galáctica… ya puedes imaginar a quién con un poco de investigación, estoy seguro… pero hace unos siete años decliné el honor. Escapé, huí y me establecí por mi cuenta, creando a los mercenarios dendarii a partir de, er, lo que encontré a mano.
Thorne sonrió.
—Un acontecimiento memorable.
—Aquí es donde entra Galen. La potencia galáctica abandonó su plan y me creí libre de mi desgraciado pasado. Pero varios clones habían sido eliminados, como si dijéramos, en el intento de generar un duplicado físico exacto, con ciertos refinamientos mentales, antes de que el laboratorio diera finalmente conmigo. Pensé que habían muerto hacía tiempo, vilmente asesinados, aniquilados. Pero al parecer uno de los primeros prototipos fue puesto en criosuspensión. Y, de algún modo, ha caído en manos de Ser Galen. Mi único hermano-clon superviviente. —Miles cerró el puño—. Esclavizado por un fanático. Quiero rescatarlo —abrió la mano, suplicante—. ¿Comprendes por qué?
Thorne parpadeó.
—Conociéndolo… supongo que sí. ¿Es muy importante para usted, señor?
—Mucho.
Thorne se enderezó un poco.
—Entonces se hará.
—Gracias —Miles vaciló—. Mejor que se suministre a todos los líderes de patrulla que están abajo un pequeño escáner médico. Que lo lleven en todo momento. Como sabes, me reemplazaron los huesos de las piernas por otros sintéticos hace un año. Los suyos son normales. Es la forma más fácil de detectar la diferencia entre nosotros.
—¿Tan similar es su apariencia? —dijo Thorne.
—Nuestras apariencias son idénticas.
—Lo son —confirmó Quinn—. Yo lo he visto.
—Ya… veo. Interesantes posibilidades de confusión por esa parte, señor. —Thorne miró a Quinn, que asintió triste.
—Cierto. Confío en que la distribución de escáneres médicos ayude a resolver las cosas. Adelante… llámame de inmediato si consigues algún avance en el caso.
—Bien, señor.
En el pasillo, Quinn observó:
—Buen movimiento, señor.
Miles suspiró.
—Tenía que encontrar algún modo de advertir a los dendarii sobre Mark. No puedo dejar que vaya otra vez por ahí tan campante haciendo de almirante Naismith.
—¿Mark? —dijo Elli—. ¿Quién es Mark, o me atrevo a imaginarlo? ¿Miles Mark Dos?
—Lord Mark Pierre Vorkosigan —dijo Miles tranquilamente. Al menos, eso esperaba parecer—. Mi hermano.
Elli, consciente de los significados de los juramentos de los clanes de Barrayar, frunció el ceño.
—¿Entonces Ivan tiene razón? ¿Te ha hipnotizado el pequeño cabroncete?
—No lo sé —dijo Miles despacio—. Si soy el único que lo ve así, entonces tal vez, tal vez…
Elli hizo un ruido tranquilizador.
Una ligera sonrisa asomó a la boca de Miles.
—Puede que todo el mundo esté equivocado menos yo.
Elli hizo una mueca.
Miles volvió a ponerse serio.
—La verdad es que no lo sé. En siete años, nunca he abusado de los poderes del almirante Naismith por motivos personales. No es un récord que tenga muchas ganas de malograr. Bueno, quizá no consigamos encontrarlos, y la cuestión dejará de tener importancia.
—Mala cosa —le reprochó Elli—. Si no quieres encontrarlos, tal vez será mejor que no los busques.
—Lógica aplastante.
—¿Entonces por qué no la sigues? ¿Y qué planeas hacer con ellos si los capturas?
—No es demasiado complicado. Quiero encontrar a Galen y a mi clon antes que Destang, y separarlos. Y luego asegurarme de que Destang no los encuentra hasta que yo pueda enviar a casa un informe privado. Al final, si intercedo por él, creo que llegará una contraorden que impida el asesinato de mi clon sin que yo aparezca directamente conectado con ella.
—¿Y qué hay de Galen? —preguntó Elli, escéptica—. De ningún modo lograrás una contraorden para él.
—Probablemente no. Galen es… un problema que no he resuelto.
Miles regresó a su camarote, donde la contable de la flota se reunió con él.
La teniente Bone cayó sobre la orden de crédito de dieciocho millones de marcos con apasionamiento y alegría muy poco comerciales.
—¡Salvados!
—Inviértalos como haga falta —dijo Miles—. Y saque a la Triumph de la casa de empeños. Necesitamos poder marcharnos en cualquier momento sin tener que discutir con la Armada Solar si se trata o no de un robo. Ejem… ¿sería capaz de crear una orden de crédito, en dinero contante o como sea, en fondos galácticos, que no pueda ser relacionada en modo alguno con nosotros?
Los ojos de ella se iluminaron.
—Un desafío interesante, señor. ¿Tiene algo que ver con nuestro inminente contrato?
—Seguridad, teniente —respondió Miles suavemente—. No puedo discutirlo ni siquiera con usted.
—Seguridad —ella hizo una mueca— no oculta tanto a Contabilidad como cree.
—Quizá debería unir ambos departamentos. ¿No? —sonrió ante su aterrorizada mirada—. Bueno, tal vez no.
—¿A nombre de quién debe ir la orden?
—Al portador.
Ella alzó las cejas.
—Muy bien, señor. ¿Cuánto?
Miles vaciló.
—Medio millón de marcos. Sea cuanto fuere eso en créditos locales.
—Medio millón de marcos —advirtió ella cortante— no es poca cosa.
—Siempre que sea en efectivo.
—Haré lo que pueda, señor.
Permaneció a solas en su camarote cuando ella se marchó, con el ceño profundamente fruncido. La situación estaba clara. No cabía esperar que Galen iniciara el contacto a menos que tuviera alguna forma, por no mencionar algún motivo, para controlar la situación o darles una sorpresa. Dejar que Galen planificara sus movimientos parecía fatal, y a Miles no le molestaba la idea de esperar hasta que escogiera el momento de sorprenderlo. Con todo, lanzar una finta para crear una figura quizá fuese mejor que no hacer ningún movimiento en absoluto, a la vista del poco tiempo disponible. Líbrate de la maldita desventaja defensiva, actúa en lugar de reaccionar… Una gran decisión, pero con el pequeño defecto de que, hasta que localizaran a Galen, Miles no tenía ningún objeto sobre el que actuar. Gruñó lleno de frustración y se fue agotado a la cama.