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– ¿Y si les importa? El clima es propicio. El público está harto de verse manejado y usado por los políticos.

– ¿A qué apunta realmente, Logan?

– Pensé que ya lo sabías todo de mí. Soy el típico millonario vil que trata de hacer trampa con los naipes.

No sabía nada de él y tampoco pensaba aceptar como verdadera ni una sola de las palabras que había dicho.

– ¿Lo pensarás, no es cierto?

– No.

– Sí que lo harás. No podrás evitarlo. Dame tu respuesta mañana por la mañana.

– ¿Y si digo que no?

– ¿Por qué crees que compré una propiedad con cementerio?

Eve se puso rígida.

– Fue una broma. -Logan sonrió. -Te enviaré de vuelta a tu casa, por supuesto.

Eve se dirigió a la puerta.

– Y no te pediré que devuelvas el dinero de la Fundación Adam. Aun si no cumples con tu parte del trato. Lo que me hace parecer mucho más honrado que tú ¿no crees?

– Le dije que no iba a meterme en nada ilegal.

– No estoy tratando de involucrarte en nada verdaderamente ilegal. No vamos a profanar Arlington ni ningún otro cementerio. Solamente tenemos que hacer una breve visita a un campo de maíz en Maryland.

– Lo que seguramente también es ilegal.

– Pero si estoy en lo cierto, nuestra pequeña transgresión terminará de la mejor de las formas. -Se encogió de hombros. -Piénsalo. Medítalo con la almohada. Eres una mujer razonable y pienso que verás que no te estoy pidiendo que hagas nada que traicionaría tu código de ética.

– Siempre y cuando me esté diciendo la verdad.

Logan asintió.

– Siempre y cuando te esté diciendo la verdad. No pienso tratar de convencerte de que no te estoy mintiendo. Sé que no serviría de nada. Tendrás que decidir por ti misma. -Abrió el cajón superior del escritorio y sacó una libreta de direcciones de cuero. -Buenas noches. Infórmame de tu decisión no bien la hayas tomado.

Se dio cuenta de que él había dado la conversación por terminada. No iba a hacer nada para persuadirla. La pelota estaba en su lado de la cancha.

¿O no?

– Buenas noches. -Salió de la biblioteca y subió rápidamente a su habitación.

Kennedy.

Imposible. Kennedy yacía en Arlington, no en un pozo dentro de un campo de maíz en Maryland. A Logan lo habían estafado: le habían hecho pagar por nada.

Pero Logan era cualquier cosa menos un ingenuo. Si creía que había algo de cierto en la historia de Donnelli, eso podía ser motivo suficiente como para que ella investigara más el asunto.

Y para aceptar como cierto cualquier plan que Logan podría tener para hacer una campaña de desprestigio. Podía estar mintiendo, hurgando desesperadamente en busca de la forma de lograr lo que quería.

Habían hecho un trato, él había cumplido su parte.

Caray, estaba demasiado cansada como para tomar una decisión. Se iría a dormir y esperaría a la mañana para ver las cosas con más claridad. Sería lo más inteli…

La ventana.

Se puso rígida y contuvo la respiración. Era solamente su imaginación. No iba a dejar que su mente le tendiera trampas. Estaba cansada, se sentía descorazonada y la imaginación comenzaba a jugarle malas pasadas. No iba a…

La ventana.

Atravesó lentamente la habitación hacia la ventana y se quedó mirando la oscuridad.

Oscuridad. Mosquitos. Insectos. Víboras.

Sus mocasines italianos de marca se estaban arruinando con el follaje húmedo del sendero, se dijo Fiske con fastidio.

Nunca le habían gustado los bosques. Recordó cuando, de niño, lo enviaron a una maldita colonia de vacaciones en Maine y lo habían obligado a quedarse allí dos semanas. Sus padres siempre lo mandaban a cualquier parte para deshacerse de él.

Cretinos.

Pero se lo había hecho pagar. Se había asegurado de que jamás lo volvieran a aceptar en la colonia después de aquel verano. No habían podido demostrar nada, pero el tutor se había dado cuenta. Sí que se había dado cuenta. Fiske lo había visto en su expresión asustada, en la forma en que el cretino evitaba mirarlo.

Ese verano aprendió varias lecciones que después pudo aplicar en la vocación que eligió. Los fanáticos de los campamentos casi siempre necesitaban hacer reservas para acampar en un parque nacional y cada reserva era prolijamente documentada por los guarda parques.

Más adelante se veía la luz movediza de un fuego.

Blanco a la vista.

¿Se acercaría directamente o esperaría a que estuvieran dormidos?

Comenzaba a sentir la adrenalina en el cuerpo.

Se acercaría directamente. Que lo vieran, que sintieran lo que se venía.

Se despeinó con una mano y se pasó tierra sobre la mejilla.

El anciano de cabello gris estaba sentado, contemplando el fuego. La esposa salió de la carpa y le dijo algo, riendo. Había un aire de intimidad y afecto entre ambos que a Fiske le resultaba levemente molesto. En realidad, todo lo relacionado con esta operación le molestaba. No le gustaba que lo obligaran a poner en práctica sus habilidades en el medio del bosque y se aseguraría de que el viejo y la mujer lo entendieran bien.

Hizo una pausa, respiró hondo y se abalanzó hacia el claro.

– ¡Gracias a Dios pude encontrar a alguien! ¿Me pueden ayudar? Mi esposa está herida. Estábamos armando el campamento a un centenar de metros de aquí, por el camino y se cayó y se rompió…

– Sé dónde están acampando -informó Gil-. Voy hacia allí. Pero llevo dos horas de retraso. El guarda parques me dijo que hace unas horas ya le hicieron las mismas preguntas.

La mano de Logan se cerró con fuerza alrededor del auricular.

– Ten cuidado.

– ¿Qué, soy idiota, acaso? Claro que tendré cuidado. Y mucho más si se trata de Fiske.-¿Fiske?

– Llamé a mi contacto en el Departamento del Tesoro y me dice que de tanto en tanto Timwick ha utilizado los servicios de Albert Fiske. Fiske era un matón de la CIA, uno de los mejores. Siempre quería los trabajos más difíciles, los golpes de más prestigio. Se enorgullece de su eficiencia y de su capacidad para realizar trabajos que nadie más puede hacer. En los últimos cinco años cortó los lazos con la CIA y trabaja solo, al parecer le va muy bien. Se mueve rápido y conoce el sistema lo suficientemente bien como para hacerlo funcionar a su favor. -Hizo una pausa. -Además, le gusta, Logan. Te aseguro que le gusta.

– Mierda.

– Te llamaré de nuevo cuando los encuentre.

Logan colgó lentamente.

"Se mueve rápido".

¿Cuán rápido?

¿Y en qué dirección?

Sonó el teléfono interno que estaba sobre el escritorio.

– La señorita Duncan dejó la casa hace tres minutos -informó Mark.

– ¿Va hacia el portón principal?

– No, está subiendo la colina.

– Enseguida voy.

Logan llegó a la casa de carruajes unos minutos después.

– Está en el cementerio -comentó Mark.

Logan se acercó a los monitores.

– ¿Qué está haciendo?

– Está oscuro y ella está a la sombra de ese árbol. Por lo que veo, no está haciendo nada. Esta allí, nada más.

De pie junto a la cerca de un cementerio en la mitad de la noche.

– Acércate más.

Mark hizo unos ajustes en el panel de control y de pronto, la cara de Eve apareció en la pantalla delante de él. No le decía nada. Estaba mirando las tumbas cubiertas de flores, con el rostro completamente carente de expresión. ¿Qué había estado esperando él? ¿Tensión? ¿Sufrimiento?

– ¿Raro, no? -observó Mark-. Qué loca.

– ¡Diablos, no es una loca! -Logan se interrumpió, tan sorprendido como Mark ante su repentino arrebato de ira. -Perdón, pero no es ninguna loca. Tiene muchas cosas adentro, nada más.