Выбрать главу

No se le ocurrió pedirle a Vespasia que no les avisara. Semejante idea era impensable y solo mencionarlo sería tan insultante que quizá podría perdonar, pero jamás olvidar.

– Gracias, tía Vespasia -murmuró cuando el coche se detuvo.

Aunque no respondió, la mujer sonrió ligeramente y con expresión de profunda compasión.

A Pitt le habría gustado decir o hacer algo, aunque solo fuera un gesto, pero no supo cómo actuar, por lo que se limitó a despedirse, bajó y cerró la portezuela del coche.

El criado lo recibió sin sorprenderse y ni siquiera le preguntó el nombre. Sheridan y Cordelia lo esperaban en el gabinete y Edward y Enid Denoon se encontraban a su lado. Los cuatro estaban pálidos y tensos y, en cuanto oyeron sus pisadas en el vestíbulo, volvieron las caras hacia la puerta.

– Buenas tardes, señor Pitt. Me alegro de que acuda personalmente a informarnos.

– Supuse que querrían saberlo -respondió Pitt-. Tenemos pruebas suficientes para detener al hombre que mató a su hijo.

Landsborough se volvió hacia Cordelia, que dejó escapar un jadeo al tiempo que su expresión se llenaba de alivio.

– ¡Muchas gracias! -exclamó y se le quebró la voz-. Ha sido… la espera ha sido muy dura.

Landsborough tenía dificultades para guardar la compostura.

– Pitt, le estoy profundamente agradecido. Es el fin de una pesada carga, sobre todo en medio de tantas noticias negativas. He leído en la prensa vespertina que sir Charles Voisey ha muerto.

Su rostro se tensó y la decepción de su mirada era muy intensa. Observó a Pitt, deseoso de encontrar alguna esperanza de que la propuesta saliera derrotada. Su hijo había muerto y las ideas liberales, tolerantes y cultas que tanto valoraba parecían a punto de hundirse a causa de la tiranía y la corrupción. No sabía cómo combatirla y, menos aún, cómo vencerla.

Quedaba pendiente un último y demoledor golpe que Pitt no podía evitar. Ni siquiera lo aplazaría por la presencia de Denoon. Wetron era un enemigo demasiado inteligente y letal.

– Así es -confirmó Pitt-. Por lo visto, su corrupción llegaba a unos límites que ni siquiera imaginábamos.

– Los periódicos no hablan de otra cosa -reconoció Landsborough con profundo desagrado-. El comisario Wetron se ha convertido en un héroe.

– Es un buen hombre -intervino Denoon, tajante-. Tenemos una gran deuda con él. Actuó con gran valor y decisión. Admiro al hombre que defiende sus convicciones y se enfrenta personalmente a sus enemigos en lugar de enviar a sus subordinados. -Sonrió con tristeza-. Lo que hizo estuvo muy bien. Otros se habrían limitado a detener a Voisey, lo que habría sido negativo para todos; después se habría celebrado un complicado juicio durante el cual habrían salido a la luz muchos escándalos. Tal como actuó desenmascaró a Simbister y acabó con Voisey lo más rápida y limpiamente posible. Ya podemos empezar a recuperarnos, a olvidarnos de la corrupción y a poner fin a la anarquía.

Cordelia lo miró con expresión gélida.

– Edward, por muy grandes que fueran nuestras diferencias políticas con sir Charles, el señor Pitt ha venido a decirnos que está a punto de detener al hombre que asesinó a Magnus. Su misión no es alabar a Wetron por haber acabado con Voisey.

– Políticamente yo no estaba en desacuerdo con él -intervino Enid y clavó la mirada en Cordelia-. En lo personal me parecía un hombre temible, un ser cruel, codicioso y al que no le importaba el bienestar de la gente, pero en lo político estaba en lo cierto.

– ¡Enid, ya está bien, no sabes lo que dices! -espetó Denoon-. ¡Se opuso al proyecto de armar a la policía! Ahora sabemos por qué lo rechazó. Era un corrupto y también corrompió a Simbister.

– Eso no lo justifica.

Denoon se puso furioso.

– Claro que sí. No podía permitir que la policía lo investigase porque estaba metido hasta el cuello. -Denoon se dirigió a Pitt-. ¿No es lo que ha venido a decirnos?

– ¿Ha investigado usted la corrupción policial? -preguntó Landsborough a Pitt.

– Sí -contestó-. Y sir Charles Voisey no estaba implicado.

– Creo que es usted un incompetente -espetó Denoon-. Las pruebas del inspector Wetron demuestran que Voisey estaba metido hasta las cejas… mejor dicho, que era el organizador. Si realizara bien su trabajo lo habría sabido y lo había demostrado sin necesidad de que Wetron tuviese que hacerlo.

Sheridan Landsborough se quedó de piedra.

– Edward, el señor Pitt es un invitado -precisó gélidamente-. Y como tal lo tratarás con cortesía y, si te resulta imposible, al menos con urbanidad. Ha venido a decir que se dispone a detener al hombre que asesinó a mi hijo. Haz el favor de respetar al menos los sentimientos de mi esposa y los míos, ya que por lo visto te resulta imposible respetar que en esta casa también eres un invitado, por mucho que formes parte de la familia.

Pronunció la última palabra con tanta ironía y desesperación que Pitt tuvo la súbita y abrumadora certeza de que Landsborough conocía la verdad acerca del origen de Magnus.

Denoon vio la expresión de Pitt y se ruborizó. Su mirada transmitió cólera y también temor.

Cordelia observó furibunda a su marido, pero permaneció en silencio.

Enid continuó con la cabeza en alto y miró a Pitt directamente a los ojos, al tiempo que decía con claridad:

– Le pido disculpas por los malos modales de mi marido. Me gustaría encontrar una excusa razonable, pero no la tengo. A pesar de nuestra falta de cortesía, ¿tendría la amabilidad de contarnos lo que ha averiguado? Creo que a Sheridan le gustaría saberlo. Quería mucho a Magnus e hizo cuanto pudo por apartarlo del camino de la anarquía.

La compasión de Enid le resultó casi insoportable. Pensó fugazmente si existía la menor posibilidad de ahorrarle la detención de su hijo y, casi con toda seguridad, su juicio y condena a muerte.

– ¿Qué es lo que sabe? -Fue Cordelia la que rompió el silencio.

Pitt no podía hacer nada más. No era la primera vez que detestaba haber pillado a alguien, aunque a otros los había comprendido mucho mejor que a Piers Denoon.

– Fue un anarquista. No sé si podré detenerlo, pero haré cuanto esté en mis manos. Lo lamento profundamente. Ojalá pudiera decir que el culpable es Voisey y acabar con esta historia, pero es imposible.

– ¿Por qué preferiría que fuese así? -preguntó Cordelia en tono tajante-. ¡Todos queremos saber quién fue! Deténgalo de una vez. No pierda más tiempo. Avísenos cuando lo haya hecho.

Pitt sintió un chispazo de cólera ante semejante brusquedad, pero pudo reprimirlo.

– Lo lamento porque fue alguien a quien Magnus conocía y en quien confiaba. Hasta es posible que se preocupase por él. No pienso dar a conocer su identidad hasta detenerlo porque, si hablara, podría causar sufrimientos innecesarios y hacer una acusación que no estoy en condiciones de demostrar. De todos modos, estoy convencido de que mañana a esta hora ya lo sabré. Buenos días.

Landsborough lo acompañó hasta la puerta y se detuvo poco antes de llegar.

– Pitt, ¿ha dicho la verdad? ¿Sabe quién fue? -preguntó en tono apremiante.

– Al parecer solo existe una respuesta.

– Pero necesitaba algo de nosotros; por eso ha venido.

– ¿Siguió a Magnus e intentó hacerlo cambiar de parecer? -Pitt lo planteó como una pregunta, a pesar de que ya sabía la respuesta.

Landsborough se tensó y su rostro reflejó desolación y una asfixiante sensación de fracaso.

– Sí.

Pitt era muy consciente de la brutalidad de la situación, como si cortase a un hombre por la mitad cuando todavía estaba con vida, pero supo que disculparse solo empeoraría las cosas.

– ¿Vio a dos hombres, uno pelirrojo con la piel clara y el otro delgado y con el pelo oscuro y rizado?

– Claro. -Landsborough no entendía nada.

– Aseguraron que eran amigos de Magnus. ¿Es verdad?