"Me acuerdo". En una ocasión, Jack Ryan padre se había despachado al respecto frente a reporteros, lo que le había costado ser objeto de risa para los amantes de los chismes. "Me dijo que Enrique VIII les habría hecho a los reporteros un corte de pelo especial por eso".
"Sí, con un hacha en la Torre de Londres. A Sally le hizo mucha gracia. Ella también se reía de los peinados de mamá. Al menos ser hombre tiene algo bueno ¿no?"
"Eso y los zapatos. A mi esposa no le gustaban los modelos de Manolo Blahnik. Le gustaban los zapatos sensatos que no le hicieran doler los pies", dijo Hendley, recordando y sintiendo en seguida que se estrellaba contra una pared de concreto. Aún le dolfa hablar de ella. Probablemente siempre fuera así, pero al menos el dolor reafirmaba el amor que sentía por ella, yeso era algo. Amaba su recuerdo, pero ya no podría sonreír en público al recordada. Si hubiese seguido participando en política, eso es lo que hubiera debido hacer, fingir que ya se había recuperado, que su amor no moría, pero que ya no era doloroso. Imposible. Uno de los costos de la política era que uno no sólo debía renunciar a la propia hombría, sino a la propia humanidad. y no era un precio que valiera la pena pagar. Ni siquiera para ser presidente de los Estados Unidos. Una de las razones por las que se había llevado bien con Jack Ryan padre es porque ambos se parecían mucho.
"¿Realmente crees que ésta es una agencia de inteligencia?", preguntó con toda la ligereza que permitía la situación.
"Sí, señor, lo creo. Si, digamos, la NSA presta atención a qué están haciendo los grandes Bancos centrales, usted está en una situación ideal para sacar provecho de las información al respecto que intercambie con Langley. De ese modo, su gente del área de divisas cuenta con la mejor información interna y si usted juega sus cartas con prudencia -es decir, si no se pone codicioso- puede ganar muchísimo dinero a largo plazo sin que nadie se dé cuenta. La forma de hacerlo es no atraer inversores. Hablarían demasiado. De modo que esa actividad financia lo que usted hace aquí. No he especulado mucho acerca de qué es eso exactamente".
"¿De veras?"
"Sí, señor, de veras".
"¿No le has hablado de esto a tu padre?
"No, señor". Jack ir. meneó la cabeza. "Diría que son fantasías mías. Papá me contó muchas cosas cuando yo le pregunté, pero jamás cosas como ésta".
"¿Qué te dijo?"
"Cosas sobre las personas. Ya sabe, sobre los políticos, a qué presidente extranjero le gustan las niñitas, o los niñitos. Caramba, eso es muy frecuente, en el otro lado del mar. Qué clase de gente son, cómo piensan, cuales son sus prioridades y excentricidades individuales. Qué país se ocupa bien de sus fuerzas armadas. Cuál país tiene buenos servicios de inteligencias y cuál no. Muchas cosas sobre la gente del Congreso. El tipo de cosas sobre las que uno lee en libros o periódicos, sólo que lo que papá me contaba era cierto. Yo sabía que no debía repetirlas", le aseguró el joven Ryan a su interlocutor.
– "¿Ni en la escuela?"
– Sólo si antes las veía en el Post. Los periódicos son buenos para enterarse de las cosas, pero se apresuran demasiado en reproducir las referidas a la gente que no les gusta y a menudo no publican las que se refieren a la gente que sí les gusta. Supongo que el oficio de periodista debe de ser un poco como cuando las señoras se reúnen a intercambiar chismes por teléfono o mientras juegan a las cartas. Es menos cuestión de hechos que de dañar a la gente que a uno no le gusta".
"Son humanos, como todos".
"Sí, señor, lo son. Pero cuando mamá le opera los ojos a alguien, no le importa si esa persona le gusta o no. Hizo un juramento y lo cumple. Papá es igual. Así me educaron", concluyó John Patrick Ryan ir. "Lo mismo que todos los padres les dicen a sus hijos: hazlo bien, o no lo hagas".
"No todos piensan así hoy", señaló Hendley, aunque Es había enseñado exactamente lo mismo a sus dos hijos, George y Foster.
"Tal vez no, senador, pero no es mi culpa".
"¿Qué sabes acerca del negocio financiero?", preguntó Hendley.
"Lo básico. Entiendo la jerga, pero no tengo bastante práctica como para ponerme en acción".
"¿y tu titulo de Georgetown?"
"Historia, economía como segunda materia. Similar a papá. A veces le pregunto acerca de su pasatiempo -aún juega a la Bolsa, y tiene amigos en el ambiente, como su secretario del Tesoro George Winston. Hablan mucho. George ha intentado una y otra vez que papá entre en su compañía, pero lo único que hace es ir a conversar un rato. Pero siguen siendo amigos. Chapucean juntos al golf. Papá es pésimo golfista".
Hendley sonrió. "Lo sé. ¿Lo has intentando alguna vez?"
Jack hijo meneó la cabeza. "Ya aprendí a maldecir. El tío Robby era bueno. Caray, papá realmente lo extraña. La tía Sissy aún viene mucho a casa. Mamá y ella tocan el piano juntas".
"Eso fue muy duro".
"Ese bruto racista hijo de puta", observó Junior. "Discúlpeme. Robby fue la primera persona que conocí que haya sido asesinada". Lo asombroso era que su asesino había sido capturado con vida. La unidad en funciones del Servicio Secreto había llegado medio segundo antes que la policía estatal de Mississippi, pero algún civil había arrojado al individuo al suelo antes de que alguien pudiera meterle un tiro, de modo que había ido vivo a la cárcel. Al menos, ese hecho había eliminado cualquier disparate sobre conspiraciones. Se trataba de un integrante del Ku Klux Klan de sesenta y siete años de edad, quien no pudo soportar el hecho de que el retiro de Ryan hubiese dejado a su vice negro en el cargo de presidente de los Estados Unidos. Su juicio, condena y sentencia se habían llevado a cabo a toda velocidad -el asesinato había sido grabado en video, por no hablar de los seis testigos, algunos a dos metros del asesino. Hasta la bandera de la gobernación en Jackson había sido puesta a media asta por Robby Jackson, para disgusto y repugnancia de algunos. "Sic volvere Parcas"; observó Jack.
"¿Y eso?"
"Las parcas, senador. Una hila, otra mide el hilo, otra lo corta. 'Así hilan las parcas', dice el proverbio romano. Nunca vi a papá tan afectado por algo. En realidad, mamá reaccionó mejor que él. Supongo que es porque los médicos están acostumbrados a que la gente muera. Papá… bueno, quería matar a ese tipo con sus propias manos. Fue muy duro". Las cámaras de los noticiarios habían mostrado al Presidente llorando en el servicio funerario en la Capilla de la Academia Naval. Sic volvere Parcas. "Así que, senador, ¿cómo se hila mi suerte aquí?"
No tomó a Hendley por sorpresa. Veía venir la pregunta, pero así y todo no era una pregunta fácil de responder. "¿y tu padre?"
"¿Por qué debe saberlo? Ustedes tienen seis corporaciones subsidiarias que probablemente empleen para ocultar sus operaciones financieras". Enterarse se eso no había sido fácil, pero Jack sabía escarbar.
"'Ocultar' no", corrigió Hendley. "Tal vez 'disfrazar' pero no 'ocultar'
"Discúlpeme. Es que, como le dije, tengo muchos amigos espías".