Выбрать главу

Si había abrigado la menor duda sobre lo acertado de la afirmación de Annika, dicha duda se disipó tan pronto como cruzó el umbral de la puerta. Erica se arrojó literalmente en sus brazos y Patrik vio el velo de agotamiento que empañaba su semblante. Allí estaba la conciencia, remordiéndole una vez más. Debería haber sido más solícito, haber estado más atento al estado de ánimo de Erica. En cambio, se había refugiado en el trabajo más que de costumbre y la había dejado sola, encerrada entre cuatro paredes, sin nada entretenido que hacer.

– ¿Dónde están? -le preguntó en un susurro.

– En el jardín -le cuchicheó ella a su vez-. ¡Oh, Patrik, si se quedan un día más, no lo soportaré! Lo único que han hecho en todo el día es estar tumbados esperando que yo atienda sus necesidades y deseos. No puedo más.

Erica se derrumbó en sus brazos, y él la consoló acariciándola.

– No te preocupes, yo me encargaré de todo. Lo siento, no debería haber trabajado tanto esta semana.

– Bueno, lo cierto es que me preguntaste y yo te dije que no me importaba. Y, además, tampoco has tenido elección -musitó Erica con el rostro hundido en su pecho.

Pese a sus remordimientos, no pudo por menos de darle la razón. ¿Cómo habría podido actuar de otro modo cuando tenían a una joven desaparecida, quizá secuestrada en algún lugar? Sin embargo, al mismo tiempo, era su deber dar prioridad a la salud de Erica y a la del bebé.

– Ya, bueno, pero el hecho es que no soy el único agente de la comisaría. Y puedo delegar algunas tareas en otros. De todos modos, ahora tenemos un problema bastante más urgente que resolver.

Se apartó de Erica, respiró hondo y salió al jardín.

– Hola, ¿qué tal? ¿Habéis estado a gusto?

Jörgen y Madde volvieron hacia Patrik sus narices fluorescentes y asintieron risueños. «Qué menos -pensó Patrik-, cuando habéis tenido quien os sirva y os atienda en todo momento, porque creéis que esto es un hotel.»

– Pues, ¿sabéis? Yo he resuelto vuestro dilema. He hecho algunas llamadas y he estado preguntando. Y resulta que en el hotel Stora hay habitaciones libres, puesto que mucha gente se ha marchado de Fjällbacka. Claro que, como parece que viajáis con un presupuesto muy ajustado, tal vez no os convenga, ¿no?

Jörgen y Madde que, por un instante, adoptaron una expresión de sincera preocupación, asintieron vehementes: no, claro, no les convenía.

– Pero -prosiguió Patrik viendo con satisfacción sus ceños fruncidos por la desazón-, resulta que también llamé al albergue de Valö y, ¿no os lo imagináis?… ¡Ellos también tienen plazas libres! Estupendo, ¿verdad? Barato, limpio y bonito. No hay una solución mejor.

Dio una palmada de exagerado entusiasmo y se adelantó a las objeciones que intuyó saldrían de los labios de sus huéspedes.

– De modo que lo mejor será que empecéis a hacer el equipaje ahora mismo, pues el barco sale de la plaza de Ingrid Bergman dentro de una hora.

Jörgen empezó a balbucir algo, pero Patrik alzó las manos y volvió a adelantársele.

– No, no, no me des las gracias. No ha sido ninguna molestia, tan sólo un par de llamadas telefónicas.

Y con una amplia sonrisa, se marchó a la cocina, desde donde Erica había estado escuchando a hurtadillas por la ventana. Se dieron una palmada de complicidad y triunfo, y tuvieron que hacer un esfuerzo para no empezar a reírse.

– Muy elegante -le susurró Erica admirada-. No sabía que vivía con un maestro de proporciones maquiavélicas.

– Es mucho lo que aún ignoras de mí, querida -respondió Patrik-. Yo soy un ser muy complejo, ¿sabes?

– Vaya, ¿no me digas? Y yo que siempre te he tenido por alguien bastante previsible -replicó Erica con una sonrisa retadora.

– Pues si ese enorme balón no estuviera en mi camino, te haría ver exactamente lo previsible que soy -atajó Patrik, notando que su insinuación y sus caricias contribuían a relajar la tensión acumulada. De repente, se puso serio-. ¿Has sabido algo más de Anna?

La sonrisa desapareció del rostro de Erica.

– No, ni una palabra. Bajé al muelle, pero no están allí varados.

– ¿Crees que se habrán ido a casa?

– No lo sé. De lo contrario, habrán seguido navegando por la costa. Pero ¿sabes qué?, no tengo fuerzas para preocuparme por eso. Estoy cansada de su susceptibilidad y de que se enfade si digo algo que no le conviene.

Lanzó un suspiro y se disponía a proseguir, cuando los interrumpieron Jörgen y Madde, que pasaron airados ante ellos para recoger sus cosas.

Minutos después, cuando Patrik ya había llevado a aquellos veraneantes insatisfechos hasta el muelle desde el que partiría el barco hacia Valö, se sentaron los dos en el porche a disfrutar de la tranquilidad. Deseoso de ser complaciente y aún con la sensación de que debía compensar a Erica, empezó a masajearle los pies y las pantorrillas hinchadas, mientras ella suspiraba relajada. Apartó de su mente el recuerdo de las chicas asesinadas y de la desaparecida Jenny Möller. Su alma también necesitaba algo de reposo de vez en cuando.

Recibió la llamada por la mañana. Como parte de su plan de mimar un poco a su pareja, Patrik había decidido levantarse algo más tarde aquel día, así que, cuando Pedersen llamó, Erica y él estaban desayunando tranquilamente en el jardín. Miró a Erica como disculpándose mientras se levantaba de la mesa, pero ella le sonrió y le indicó con un gesto que atendiese la llamada. Ya parecía mucho más descansada y contenta.

– Dime, ¿tienes algo interesante para mí? -preguntó Patrik.

– Pues sí, podría decirse que así es. Si empezamos por la causa de la muerte de Johannes Hult, mi primera observación era correcta. No se colgó. Si me dices que lo hallaron en el suelo con una cuerda al cuello, te aseguro que se la pusieron después de que se hubiese producido el óbito. La causa de la muerte fue un fuerte golpe en la nuca, asestado con un objeto contundente, aunque no redondo, sino más bien afilado. Su cadáver presenta, además, una fractura en la mandíbula, lo que podría indicar que también le asestaron un golpe por delante.

– En otras palabras, ¿no cabe la menor duda de que se trata de un asesinato? -preguntó Patrik, aferrándose fuertemente al auricular.

– Exacto, él no pudo, de ninguna manera, causarse esas lesiones a sí mismo.

– ¿Cuánto tiempo lleva muerto?

– Resulta difícil establecer ese dato porque lleva mucho tiempo bajo tierra. Yo calculo que el momento de la muerte coincide más o menos con el que se supone que se colgó, de modo que no lo colocaron allí después, si es eso lo que estás pensando -le aclaró Pedersen con sorna.

Tras un instante de silencio, mientras reflexionaba sobre lo que Pedersen acababa de decirle, se le ocurrió una idea:

– Me sugerías que habías encontrado algo más al examinar el cadáver de Johannes. ¿De qué se trata?

– Pues sí, y creo que os gustará. Resulta que tenemos una sustituta que es más exhaustiva de lo habitual y se le ocurrió tomar una prueba de ADN del cadáver de Johannes y compararla con la del resto de esperma hallado en el cadáver de Tanja Schmidt.

– ¿Y…? -la respiración de Patrik denotaba expectación.

– Pues hay que joderse, pero ¡existe un parentesco! La persona que mató a Tanja Schmidt es pariente de Johannes Hult.

Patrik jamás había oído al impecable Pedersen expresarse en esos términos, pero consideró que, en esta ocasión, estaba más que justificado. Había que joderse. Volvió a centrarse en la conversación, para seguir indagando:

– ¿Podéis determinar el grado de parentesco? -inquirió con el pulso acelerado.

– Sí, y estamos en ello, pero necesitamos más material de referencia, así que ahora tu misión consiste en tomar muestras de sangre de todos los miembros de la familia Hult.

– ¿De todos? -repitió Patrik, abatido tan sólo de imaginar cuál sería la reacción del clan ante semejante intromisión en sus vidas privadas.

Le dio las gracias por la información y volvió a la mesa, donde Erica aguardaba como una Madonna de generosas formas, con un camisón blanco y la rubia cabellera suelta sobre los hombros. Le gustaba tanto, que aún se quedaba sin respiración al verla.

– Vete -le dijo Erica. Él le dio las gracias con un beso en la mejilla.

– ¿Tienes algún plan para hoy? -le preguntó.

– La ventaja de tener huéspedes exigentes es que, cuando se han marchado, sé apreciar un día de vagancia total. En otras palabras, hoy no pienso hacer nada en absoluto. Me tumbaré fuera a leer y comeré algo rico.

– Me parece un buen plan. Procuraré volver temprano a casa, a las cuatro a más tardar. Te lo prometo.

– Sí, bueno, haz lo que puedas y llega cuando tengas que llegar. Anda, vete ya, que se te ve la impaciencia en la cara.

No tuvo que decírselo dos veces. Patrik salió y se apresuró camino de la comisaría.