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No sirve de nada pedir explicaciones sobre Dios; puedes escuchar palabras muy bonitas pero, en el fondo, son palabras vacías. Del mismo modo, puedes leer toda una enciclopedia sobre el amor y no saber lo que es amar.Dice el maestro: Nadie conseguirá demostrar que Dios existe, o que no existe. Ciertas cosas en la vida fueron hechas para ser experimentadas, nunca explicadas. El amor es una de esas cosas. Dios, que es amor, también lo es. La fe es una experiencia infantil, en el sentido mágico que Jesús nos enseñó: «De los niños, es el Reino de los Cielos.» Dios nunca entrará por tu cabeza, la puerta que Él usa es tu corazón.

El padre Pastor acostumbraba a decir que el padre Juan había rezado tanto que ya no tenía por qué preocuparse más, sus pasiones habían sido vencidas. Las palabras del padre Pastor acabaron llegando a oídos de uno de los sabios de Sceta. Éste llamó a los novicios después de la cena. -Habéis oído decir que el padre Juan ya no tiene tentaciones que vencer -dijo él-.La falta de lucha enflaquece el alma. Vamos a pedir al Señor que envíe una tentación bien poderosa al padre Juan. Y, si vence esa tentación, pediremos otra y otra. Y cuando se vea luchando de nuevo contra las tentaciones, rezaremos para que jamás vuelva a decir «Señor, aparta de mí este demonio». Rezaremos para que pida: «Señor, dame fuerza para enfrentarme al mal.»

Hay un momento del día en el que es difícil ver bien: el crepúsculo. Luz y tinieblas se encuentran, y nada es realmente claro o totalmente oscuro. En la mayor parte de las tradiciones espirituales, este momento es considerado sagrado. La tradición católica nos enseña que a las seis de la tarde debemos rezar el avemaría. En la tradición quechua, si nos encontramos con un amigo por la tarde y todavía estamos con él en el crepúsculo, debemos comenzar de nuevo, saludándolo otra vez con un «buenas noches». En el momento del crepúsculo, se pone a prueba el equilibrio del planeta y del hombre. Dios mezcla sombra y luz, quiere ver si la Tierra tiene el coraje de seguir girando. Si la Tierra no se asusta con la oscuridad, la noche pasa, y un nuevo sol vuelve a brillar.

El filósofo alemán Schopenhauer caminaba por una calle de Dresde, buscando respuestas a preguntas que lo atormentaban. De repente, vio un jardín, y decidió quedarse durante horas observando las flores. Uno de los vecinos vio el comportamiento extraño de aquel hombre, y llamó a la guardia nacional. Minutos después, un policía se acercaba a Schopenhauer. -¿Quién es usted? -preguntó el policía, con voz dura. Schopenhauer miró de arriba abajo al hombre que estaba delante de él. -Si sabe usted responder a esa pregunta -dijo el filósofo-, le estaré eternamente agradecido.

Un hombre en busca de sabiduría decidió irse a las montañas, pues le habían dicho que cada dos años Dios se aparecía allí. Durante el primer año, comió todo lo que la tierra le ofrecía. Al final, la comida se acabó, y tuvo que regresar a la ciudad. -¡Dios es injusto! -exclamó-. No vio que estuve aquí durante todo este tiempo, esperando oír su voz. Ahora tengo hambre, y vuelvo sin oírlo. En ese momento, apareció un ángel. -A Dios le gustaría mucho conversar contigo -dijo el ángel-. Durante un año te dio alimento. Esperaba que tú te encargases de tu alimentación al año siguiente. Sin embargo, ¿qué plantaste? Si un hombre no es capaz de conseguir comida en el lugar donde vive, no está preparado para conversar con Dios.

Nosotros pensamos: «Bueno, realmente parece que la libertad del hombre consiste en escoger la propia esclavitud. Trabajo ocho horas al día y, si me ascienden, pasaré a trabajar doce horas. Me casé, y ahora ya no tengo tiempo para mí mismo. Busqué a Dios, y me veo obligado a ir a cultos, misas, ceremonias religiosas. Todo lo que es importante en esta vida, amor, trabajo, fe, acaba transformándose en una carga demasiado pesada.» Dice el maestro: Sólo el amor nos hace escapar. Sólo el amor a lo que hacemos transforma la esclavitud en libertad. Si no podemos amar, es mejor parar ahora. Jesús dijo: «Si tu ojo izquierdo se escandaliza, arráncatelo. Es mejor estar ciego de un ojo que hacer que todo tu cuerpo perezca en las tinieblas.» La frase es dura. Pero es así.

Un ermitaño consiguió ayunar durante un año, comiendo sólo una vez a la semana. Después de tanto esfuerzo, le pidió a Dios que le revelase el significado de un determinado pasaje bíblico. No escuchó ninguna respuesta. -¡Qué desperdicio de tiempo! -dijo el monje para sí mismo-. ¡Hice todo este sacrificio y Dios no me responde! Es mejor salir de aquí y encontrar a otro monje que sepa el significado de este texto. En ese momento, apareció un ángel. -Los doce meses de ayuno sólo te han servido para que te creyeses que eras mejor que los demás, pero Dios no escucha a los vanidosos -dijo el ángel-. Pero en cuanto mostraste humildad y pensaste en pedir ayuda a tu prójimo, Dios me envió. Y el ángel reveló al monje lo que quería saber.

Dice el maestro: Reflexionad sobre cómo ciertas palabras fueron construidas para mostrar claramente lo que quieren decir. Tomemos la palabra «preocupación», y dividámosla en dos: pre y ocupación. Significa ocuparse de algo antes de que ocurra. ¿Quién, en todo este universo, puede tener el don de ocuparse de algo que todavía no ha ocurrido? Nunca te preocupes. Estáte atento a tu destino y a tu camino. Aprende todo lo que necesites aprender para manejar bien la espada de la luz que te fue confiada. Reflexiona sobre cómo luchan tus amigos, tus maestros y tus enemigos. Practica bastante, pero no cometas el peor de los errores: creer que sabes cuál es el golpe que tu adversario va a dar.

Es viernes, llegas a casa y tomas algunos periódicos que no puedes leer durante la semana. Enciendes la tele sin sonido, pones un disco. Usas el mando a distancia para pasar de un canal a otro, mientras hojeas algunas páginas y prestas atención a la música que está sonando. Los periódicos no traen ninguna novedad, la programación de la tele es repetitiva, y ya has escuchado ese disco decenas de veces. Tu mujer está cuidando de los niños, sacrificando lo mejor de su juventud, sin entender muy bien por qué lo hace. Una disculpa pasa por tu cabeza: «Bueno, la vida es precisamente esto.» No, la vida no es esto mismo. La vida es entusiasmo. Piensa dónde dejaste tu entusiasmo escondido. Toma a tu mujer y a tus hijos, y vete a buscarlo, antes de que sea demasiado tarde. El amor nunca impidió a nadie seguir sus sueños.

La víspera de Navidad, el viajero y su mujer hacían un balance del año que terminaba. Durante la comida en el único restaurante de un pueblo de los Pirineos, el viajero comenzó a quejarse por algo que no había ocurrido como deseaba. La mujer miraba fijamente el árbol de Navidad que adornaba el restaurante. El viajero se dio cuenta de que a ella ya no le interesaba la conversación, y cambió de tema: -Bonita, la iluminación de este árbol -dijo. -Es verdad -respondió la mujer-. Pero si te fijas bien, en medio de esas decenas de bombillas hay una que está fundida. Me parece que, en vez de ver el año como decenas de bendiciones que brillaron, te estás fijando en la única bombilla que no iluminó nada.

– ¿Ves a aquel hombre santo, humilde, andando por la carretera? -dijo un demonio a otro-. Pues voy a ir hasta allí a conquistar su alma. -No te hará caso, porque solamente presta atención a cosas santas -respondió su compañero. Pero el demonio, astuto como siempre, se vistió como el arcángel Gabriel y se le apareció al hombre. -He venido a ayudarte -dijo. -Tal vez me confundes con otra persona -respondió el hombre santo-. Nunca en mi vida he hecho nada como para merecer la visión de un ángel. Y continuó su camino, sin saber de lo que se había librado.