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En pocas horas llegó a apreciar a la comandante de la Base por su ingenio y sus variados intereses, así como por su encanto a la hora de flirtear, arcaico y agradable. Intercambiaron historias de relativo interés, dejando por mutuo acuerdo lo mejor para el final. Jacob la deleitó hablándole de su trabajo con Makakai, explicándole cómo persuadía a la joven delfín, usando hipnosis, sobornos (dejándola jugar con «juguetes» como las ballenas mecánicas), y amor, para concentrarse en la clase de pensamiento abstracto que usaban los humanos en vez del (o además del) Sueño cetáceo.

Describió cómo el sueño-ballena, a su vez, estaba siendo comprendido lentamente: usando filosofías de los indios hopi y los aborígenas australianos para ayudar a traducir esa visión del mundo completamente extraña y convertirla en algo vagamente accesible a la mente humana.

Helene deSilva tenía una forma de escuchar que estimulaba a hablar a Jacob. Cuando terminó su historia, ella irradiaba satisfacción, y le correspondió con un relato de una estrella oscura que casi le puso los pelos de punta.

Helene hablaba de la Calypso como si fuera madre, hija y amante al mismo tiempo. La nave y su tripulación habían sido su mundo durante sólo tres años, en tiempo subjetivo, pero al regresar a la Tierra se convirtieron en un enlace con el pasado. De los que dejó en la Tierra, en su primer viaje al espacio, sólo los más jóvenes vivían para ver el regreso de la Calypso. Y ahora eran viejos.

Cuando se le ofreció un puesto interino en el Proyecto Navegante Solar, ella aprovechó la oportunidad. Aunque la aventura científica de la expedición solar y la de adquirir experiencia práctica eran posiblemente razones suficientes, a Jacob le pareció notar otro motivo tras su elección.

Aunque había intentado no demostrarlo, Helene desaprobaba ambos extremos de conducta por los que eran famosos los astronautas a su regreso: aislamiento total o hedonismo estentóreo. Había un núcleo de… «timidez» —era la única palabra para describirlo— que fluía a la vez de la personalidad exterior abierta y competente y de la mujer interior, risueña y juguetona. Jacob ansiaba descubrir más sobre ella durante su estancia en Mercurio.

Pero la cena quedó pospuesta. El doctor Kepler había propuesto un banquete formal y, como suele suceder en esos casos, Jacob tuvo poco en qué pensar durante toda la velada, ya que todo el mundo se mostraba atento y adulador.

Pero la mayor frustración vino del propio Navegante Solar.

Jacob trató de interrogar a deSilva, Culla, y tal vez a una docena de ingenieros de la base, pero todas las veces recibió la misma respuesta.

—Por supuesto, señor Demwa, ¿pero no sería mejor hablar sobre eso después de la presentación del doctor Kepler? Las cosas quedarían entonces mucho más claras.

Todo aquello era muy sospechoso.

La pila de documentos de la Biblioteca todavía esperaba en su habitación. Los leía durante una hora, en estado de consciencia normal. Mientras los repasaba, fragmentos aislados le resultaban familiares.

… no se comprende por qué los pring son binoculares, ya que ninguna otra forma de vida indígena de su planeta tiene más de un ojo. Se supone que esas y otras diferencias son el resultado de manipulación genética llevada a cabo por los colonizadores pila. Aunque los pila son reacios a contestar preguntas que no sean las oficiales planteadas por el Instituto, admiten haber alterado a los pring a partir de un animal arbóreo braquial para convertirlo en un sofonte capaz de caminar y servir en sus granjas y ciudades.

La única pieza dental de los pring tiene su origen en su estado anterior como rumiantes arborícoras. Evolucionó como método para roer la rica corteza de los árboles de su planeta; esa corteza hacía las veces de la fruta como órgano de difusión de esporas fertilizadoras para muchas de las plantas de Pring…

¡De modo que ésa era la historia tras la extraña dentadura de Culla! Saber su propósito creaba, de algún modo, una imagen mental menos repugnante de los dientes del pring. El hecho de que su función fuera vegetariana resultaba tranquilizador.

Fue interesante advertir, mientras releía el artículo, el buen trabajo que había hecho la Sucursal de la Biblioteca con este informe. El original había sido escrito a cientos de años luz de la Tierra, y mucho antes del Contacto. Las máquinas semánticas de la Sucursal de La Paz estaban aprendiendo a traducir palabras y significados alienígenas a frases en inglés con sentido, aunque, por supuesto, algo debió perderse en la traducción.

El hecho de que el Instituto de las Bibliotecas hubiera sido obligado a pedir ayuda humana para programar aquellas máquinas, después de los primeros desastrosos intentos poco después del Contacto, era una fuente de satisfacción. Usadas como traductoras para especies cuyos lenguajes derivaban todos de la misma Tradición general, los extraterrestres se sintieron anonadados por la «ligera e imprecisa» estructura de todos los lenguajes humanos.

Habían gemido (o trinado o aleteado o rugido) de desesperación ante el grado de desorden, sublime y contextualmente discursivo, en que había caído el inglés en particular. Habrían preferido el latín, y más aún el indoeuropeo de finales del Neolítico, con su estructura altamente organizada de declinaciones y casos. Los humanos se negaron obstinadamente a cambiar su lingua franca en beneficio de la Biblioteca (aunque tanto los pieles como los camisas empezaron a estudiar indoeuropeo por diversión, cada uno por sus propias razones), y en cambio enviaron a sus mejores expertos a ayudar a que los serviciales alienígenas se ajustaran.

Los pring sirven en las ciudades y granjas de casi todos los planetas Pil, a excepción del planeta natal, Pila. El sol de Pila, una enana F3, es al parecer demasiado brillante para esta generación de pring elevados (el sol de Pring es F7). Ésta es la razón que dan los pila para continuar con la investigación genética sobre el sistema visual pring, mucho después de que su licencia de Elevación haya expirado…

…sólo se ha permitido a los pring colonizar mundos tipo A, carentes de vida y que requieran terraformación, pero libres de restricciones de uso por los Institutos de Tradición y Migración. Tras haber asumido el liderazgo en varias jihads, al parecer los pila no desean tener pupilos que puedan avergonzarlos al tratar de mala forma a un mundo vivo y antiguo…

Los datos sobre la raza de Culla abarcaban volúmenes de la Civilización Galáctica. Era fascinante, pero la manipulación que implicaba hizo que Jacob se sintiera incómodo. Inexplicablemente, se sintió responsable.

Fue en esta etapa de relectura cuando llegó la convocatoria para la largamente esperada charla con el doctor Kepler.

Jacob estaba ahora sentado en la sala, y se preguntaba cuándo iría al grano el científico. ¿Qué eran los magnetóvoros? ¿Y a qué se refería la gente cuando mencionaba a un «segundo tipo» de solarianos que jugaban al escondite con las Naves Solares y hacían a las tripulaciones gestos amenazantes con formas antropomórficas?

Jacob volvió a mirar el holo-tanque.

El filamento escogido por Kepler había crecido para abarcar el tanque entero y luego se expandió hasta que el espectador se sentía visualmente inmenso en aquella masa fiera y deslumbrante. Los detalles se hicieron más claros: amasijos retorcidos que implicaban una tensión de las líneas del campo magnético, rizos que iban y venían como vapor mientras el movimiento soltaba los gases calientes dentro y fuera de la banda visible de la cámara, y grupos de brillantes puntitos que danzaban en el borde distante de la visión.