– No quería que ella pensara que usted estaba loca -dice Simon-. O, no le importa que ella piense que está usted loca ahora. Locura por depresión posparto, locura corriente, imaginando que su bebé es un desconocido. Estaba contenta de que todos nosotros pensásemos eso. Y entonces, sin duda, habría tenido una recuperación valiente y relativamente rápida, y reconocido a Florence de repente, una reunión feliz, aunque nunca realmente hubieran estado separadas. ¿Era esa la idea?
Otra vez, asiento.
– Esa clase de locura en cierta manera ilusoria es fácil de confesar, ¿no es así? Porque no supone responsabilidad. Es ajena a la voluntad, no deliberada. Se pierde el contacto con la realidad y uno deambula, alucinando. Nadie la podría culpar por eso, ¿verdad? Mientras tanto un plan cuidadosamente pensado para fingir que su hija no es su hija. Puede que esté loca, pero consciente. Algunos podrían decir simplemente que diseñó un mal plan.
– No tenía miedo de ser juzgada -le digo-. Sin embargo, usted me ha hecho darme cuenta de cuán asustada estaba. Tenía miedo de explicar algo que para mí tenía perfecto sentido, algo que tenía que hacer, algo que sentía tan lógico e inevitable, tan correcto; temía compartir esto con alguien más, incluso con Briony, y que me dijesen que había perdido la cabeza. Porque yo lo sabía. Sabía que no importaba lo absurdo o ridículo que pudiera parecer a primera vista. Era la única cosa que podía hacer. Que debía hacer.
– Puedo ver la lógica en ello. Quizás Briony también. Lo bastante loco para funcionar -dijo-. Puedo entender eso. Quería que Vivienne creyera que David era quien estaba apartando a su nieto de ella, no usted. Cuando usted y Florence desaparecieron se suponía que creería que David la había matado a usted y al tan llamado otro bebé justo antes de la prueba de ADN, para que no se pudiese demostrar que había estado mintiendo sobre la identidad de Florence.
Simon suena como si estuviese leyendo en voz alta una lista de cargos contra mí. Quizás, en su cabeza, existe este documento.
Me pregunto si Vivienne podría haber creído alguna vez que su propio hijo era capaz de tanta crueldad, o si siempre habría inventado excusas por él.
– No solamente quise que Vivienne me creyese -digo-. Deseé también poder convencer a David, si me mostraba lo suficientemente segura. Era como si… -Termino la explicación en mi cabeza: estaba intentando que Florence fuese mía y solamente mía influyendo en los pensamientos de Vivienne y de David, sus percepciones más esenciales, para que cuando la mirasen no viesen a una hija, a una nieta, sino a una niña desconocida. Florence había estado justo delante de ellos, y al mismo tiempo escondida. Esa incongruencia me atraía. Así era como protegería a mi hija hasta que consiguiéramos escapar.
– No quise decirle a Briony toda la verdad -digo-. De algún modo lo sentía… demasiado personal. Había solamente una persona a la cual quería decírselo todo y ésa era a usted, Simon. No existía ninguna prueba de mi insistencia en que Florence no era Florence, pero casi me creyó, ¿verdad?
– La creí -me corrige.
– Nunca lo dijo así. Nunca dijo, de forma rotunda, «Alice, la creo». Si lo hubiese hecho, se lo habría dicho todo sobre Laura, todo. Estaba esperando esa señal que me permitiese saber que podía confiar en usted, que confiaba en mí sin importar qué…
– Por favor. -Una mirada de desagrado deforma su cara-. Eso es difícil de aceptar de alguien que no ha hecho más que mentirme desde el momento en que nos conocimos.
– No estoy mintiendo ahora ¿no?
– No le di alternativas. -Tose, se sienta recto en la silla-. La gente desaparecida, a menos que cuenten con experiencia en eludir a la policía, por lo general son hallados. Usted y Florence habrían sido encontradas.
Me doy cuenta de que está intentando ponerme en mi lugar, establecer una adecuada distancia profesional entre nosotros.
– Vivienne habría insistido entonces en la prueba de ADN y el juego se habría acabado. Y si no hubiésemos revisado la muerte de Laura otra vez, o si hubiésemos llegado a la misma conclusión que llegamos originalmente, habría vuelto al punto de partida.
– Quizás podría haberme quedado escondida. El caso habría dejado de ser una prioridad tan alta. Habrían surgido otros casos, más urgentes. Habrían reducido sus esfuerzos.
– Estaba instalada en la casa de una amiga y compañera. La habríamos encontrado.
– Me habría mudado, sin mucha demora. Pero es probable que esté en lo cierto. No soy la clase de persona que sabe cómo desaparecer y empezar una nueva vida en el extranjero, como los personajes de las películas. Sin embargo, tenía que probar. Y sabía que la policía finalmente lo dejaría. Tienen que hacerlo porque se les necesita en otro sitio, en otros casos, con nuevas personas desaparecidas. Mientras que Vivienne nunca habría lo abandonado, nunca. Ése es el motivo por el que mentí sobre que Florence había sido… intercambiada. No podía haber vivido tranquila o feliz sabiendo que Vivienne sabía que yo tenía a su nieta, que sabía exactamente qué le había hecho. Habría pasado toda la infancia de Florence esperando a que me llegase el castigo. Sé que parece una locura, sé que ella no es ninguna clase de diosa que lo sabe y lo ve todo pero… bien, no me podía quitar la sensación de que encontraría una forma de llegar hasta mí, de algún modo.
Simon asiente.
– Así que intentó asegurarse que usted no le importase lo bastante como para buscarla. Y había solamente una forma en que eso sucediera: si creía que el bebé que tenía consigo no era Florence. Pero, esa parte del plan era poco firme. Vivienne quería en contraria, correcto. Quería conseguir el ADN y su prueba.
Suspiro.
– La subestimé. No tuve en cuenta cuánto quería que La Pequeña fuese Florence. Pensé que para cuando desapareciésemos ya la habría convencido completamente. De todas formas, quería la prueba de ADN sólo para estar segura, aunque me parece que ya había tomado una posición a mi favor mucho tiempo antes de la prueba. Y entonces, imaginé, que se sentiría aliviada cuando el «otro» bebé desapareciese. Vivienne detestaría tener un niño en su casa al que percibiera como un impostor. Lo odiaba. Y pensé, que cuando buscara a Florence, como sabía que lo haría, nunca cesaría. Solo buscaría a Florence. No nos buscaría a mí y al otro bebé.
– Alice, no hay ningún otro bebé.
Sacudo mi cabeza. Simon no debe malinterpretarme, no ahora.
– Yo también quería que La Pequeña fuese Florence -digo silenciosamente-. Pero solamente con Vivienne lejos, con la absoluta certeza de que no nos heriría.
– Usted sabía que era Florence.
– Sí, pero… en mi corazón no sentía que estuviese mintiendo. Todo lo que dije parecía verdadero. Florence era mi bebé, definitivamente mía. La Pequeña era bastante diferente. La Pequeña era el bebé que me podrían haber robado en cualquier momento. O del que podrían haberme separado. Era incierto cómo terminarían las cosas. ¿Entiende?
– Usted rechazó a su propia hija. Es la mejor mentirosa que jamás he visto en acción.
– ¡Porque no la sentía como una mentira! Era una agonía -digo, mis ojos se llenan de lágrimas-. ¿Sabe cuál fue la peor parte, absolutamente la peor? Destruir todas las fotografías, las únicas fotografías de Florence. En ese momento horrible, cuando abrí la cámara, sentí que lo que entraba no era luz sino la peor clase de oscuridad.
– Sin embargo, lo hizo.
– Tenía que hacerlo, Simon. Era como si estuviese siendo conducida por esta… esta fuerza, y tuve que hacer todo lo que tenía que hacer.
– Me mintió. Confié en usted.
No pregunto: «¿Entonces por qué nunca sentí que tuviera su confianza? ¿Por qué nunca dijo ni una vez «la creo»?»-Debe intentar entender lo que hice -le digo.