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Jonas miró la pared a su alrededor. Las balas habían destrozado la madera en cada lugar concebible sin acertarle.

Algún alto poder estaba trabajando para salvarle, pero no creía que podrían haber sido las Drake esta vez. Se permitió un momento para desplomarse contra la pared con alivio. Viktor Gadiyan lo habría matado en unos segundos. Saludó a Jackson, quien estaba verificando los cuerpos.

Una vez más empezaron la peligrosa tarea de despejar las habitaciones. Arriba podían oír el tiroteo continuo mientras los hombres de Tarasov luchaban contra la unidad de Gray.

El auricular estalló con un chorro de parloteo.

– Karl Tarasov está atrapado en la cubierta de arriba.

Gray empezó a ladrar órdenes y tanto Jackson como Jonas subieron las escaleras rápidamente, corriendo para tratar de interceptar a los hombres de Gray. Jackson rodeó por la izquierda y Jonas fue a la derecha. Tarasov estaba de espaldas a Jonas. El ruso hacía un disparo ocasional para mantener a los agentes lejos de él mientras se abría paso hacia la barandilla. Los agentes trataban de rodearlo y capturarlo vivo. Jonas se deslizó silenciosamente en posición detrás de él, cortando su escape.

La niebla se espesó, arremolinándose alrededor del yate, encerrándolos en un mundo gris y húmedo, amortiguando los sonidos y reduciendo la visibilidad a cero. Karl Tarasov se giró y corrió derecho hacia Jonas.

Se agarraron de las muñecas mientras Tarasov levantaba un cuchillo en una mano y un arma en la otra. Jonas le empujó atrás hacia la barandilla mientras se golpeaban duramente, su cuerpo entre Tarasov y los agentes, evitando que tuvieran un disparo claro. Jackson levantó dos veces su arma y la dejó caer, cuando Jonas fue arrojado en su línea de fuego, incapaz de ver a través de la enturbiada acción y el velo espeso que envolvía el yate.

Jonas golpeó a Tarasov duramente contra la barandilla, todavía luchando por el control de las armas. La pistola cayó al mar. Tarasov, en un súbito estallido de fuerza, tiró hacia atrás a Jonas y aplastó el puño con fuerza en su mandíbula. Jonas se tambaleó y el ruso se giró y se zambulló en las agitadas aguas. Duncan Gray corrió al borde de la barandilla y se esforzó por ver.

– Maldita sea. Sólo maldita sea. -Golpeó la barandilla con el puño. El agua estaba agitada y oscura, la niebla empeoraba la visibilidad-. No puede sobrevivir en eso. Está demasiado fría. Carece de un traje isotérmico y está demasiado lejos de la costa para nadar. Salid allí y buscarlo. Debe estar en la superficie.

Jackson alcanzó a Jonas y lo movió rápidamente, examinándolo en busca de heridas. Se sacó su auricular.

– ¿Estás herido? Ese tenía que ser Prakenskii.

– Reconocí sus ojos -estuvo de acuerdo Jonas mientras se quitaba su propia radio y la guardaba en la bolsa del equipo. Se frotó la mandíbula-. Ha disfrutado esto sencillamente demasiado -dijo-. Voy a tener un hematoma como una ballena.

– Deja de renegar. Esas mujeres te han ablandado. Dos minutos después de que golpees la puerta principal, estarán sobre ti. -Afinó la voz-. Oh, Jonás, querido, ¿te duele? Déjame curarte.

Jonás le disparó una mirada.

– Estás celoso porque a ti no te miman.

Jackson miró hacia los barcos buscando en el agua el patrón de una red.

– Hace mucho que se ha ido, Jonás, nunca lo encontrarán.

– Ese ha sido siempre el asunto, ¿verdad? -Jonás se sintió inexplicablemente cansado, la fatiga instalándose en todos los huesos.

Jackson inspeccionó los daños.

– Estoy contento de que se haya acabado. Vámonos a casa.

– Suena bien para mí.

Por encima de todo, quería estar con Hannah, porque donde quiera que ella estuviese, sería el hogar para él.

CAPÍTULO 21

Jonas estaba en el dormitorio de su madre e inspiró un débil perfume de jazmín. Sabía que crecía junto a la ventana, trepando los dos pisos por un enrejado que él había colocado cuando tenía catorce años. Había abierto la ventana todos los días durante años, para permitir que el perfume inundara el cuarto, porque a su madre le gustaba, y ahora, oliendo la fragancia, se imaginaba que ella estaba allí con él.

– Hoy es el día de mi boda, Mamá -dijo suavemente en voz alta-. Me caso con la mujer con la que siempre te dije que me casaría algún día. -Guardó silencio un momento, escuchando el eco de su voz en la habitación.

Había leído mil libros aquí, aún más de poesía. Durmiendo en una silla y más tarde en un catre pequeño. Se sentía el amor en este cuarto. Hannah tenía razón. Había sido una tragedia para un muchacho, pero no todo fue malo, hubo momentos maravillosos. La risa y los secretos susurrados, como el de casarse con Hannah Drake. Él se lo decía a su madre a menudo y ella nunca se lo contó a nadie, alentándolo a seguir sus sueños, y asegurándole que aquella joven Hannah crecería hasta convertirse en una mujer maravillosa algún día.

– Te gustaría si la vieras ahora, ya adulta, Mamá. Ambos quisimos celebrar la boda aquí para que pudieras estar con nosotros. Si miras por la ventana, podrás observar la ceremonia y la recepción. Hace un hermoso día, aunque honestamente, no sé si las hermanas Drake mantienen la niebla y la calima en la bahía, o si es natural. -Recorrió con su dedo la repisa de ventana-. Desearía que estuvieses aquí. Te gustaría esto. Todas estas personas. Los trajes. Hannah me hizo ponerme este traje blanco de gángster. Estamos haciendo una boda temática en blanco y negro. De los años veinte, para ti y Papá.

Permaneció unos minutos más en silencio. Las voces llegaban desde el exterior, dónde la mayor parte de Sea Haven se había reunido. Nada parecido a una boda pequeña, aún cuando ellos estuvieron considerando una reunión privada e íntima, no en Sea Haven. Tan sólo la familia Drake sumaba fácilmente unas cien personas. Todo el que había crecido en Sea Haven tenía que invitar a todo el pueblo, ya que se consideraban más como familiares que amigos. Se encontró sonriendo cuando las risas subieron desde el césped.

– Hice exactamente lo que dijiste. Encontré a una mujer que siempre será mi mejor amiga. Es tan hermosa, Mamá, y pasa por alto esos pequeños defectos sobre los que me hablabas. Tiene una forma de mirarme que me hace sentir, que me hace saber, que soy el hombre más afortunado del mundo.

Permaneció en la ventana mirando la escena semicaótica de abajo. Siempre se había sentido parte de la familia Drake, pero ahora, cuando oficialmente unía su vida con la de Hannah, sintió una alegría y una felicidad abrumadora.

– Vamos a usar esta habitación para los niños. Quiero que nuestros bebés sientan tu presencia desde el momento en que nazcan. Planeamos llenar la casa de niños y risas, como siempre quisiste que estuviera, y contamos contigo para ayudarnos a cuidar de ellos.

Jonas paseó alrededor la habitación vacía. Tiempo atrás había quitado la cama. Había odiado esa cama, sabiendo que su madre se había sentido prisionera en ella. Sus cosas habían sido cuidadosamente embaladas, sus posesiones favoritas guardadas en una vitrina en su estudio. Él la echaba de menos, especialmente ahora, en este día, el que ella tanto había deseado.

Un ligero golpe le hizo girarse. Jackson metió la cabeza en la habitación.

– Es la hora, Jonas. No querrás darle tiempo a Hannah para volver a pensárselo.

Jonas sonrió, saludó a su madre ausente y siguió a su mejor amigo escaleras abajo.

– No creo que vaya a abandonarme. -Le asombraba cuán completamente confiaba en ella. Hannah era su mejor amiga, su confidente y una amante asombrosa. Desde el momento en que la vio por primera vez, una parte de él había sabido que este día era inevitable.