Vio que Helena fruncía el ceño cuando vio que Polly la estaba mirando, evidentemente intentando recordar dónde la había visto antes. Simon debía haberla llamado en cuanto regresó a casa y Helena había decidido ir enseguida. El corazón de Polly dio un vuelco. Estaban en la casa, con los calurosos días y las largas noches para los dos solos. Lo último que necesitaban era que Polly apareciera en la puerta, esperando que dejara de querer a Helena para enamorarse de ella.
– ¿Philippe? -dijo ella, con la voz helada.
– ¿Sí?
– He cambiado de opinión. Ya no quiero ir a La Treille ¿Te importaría llevarme a la estación?
– Estás muy callada, Polly -le decía su madre, algo preocupada, mientras se dirigían a la iglesia una soleada tarde de otoño-. ¿Te pasa algo?
– Claro que no, mamá. Es que el viaje de ayer desde Niza fue un poco largo. Eso es todo.
– Me alegro tanto de que hayas vuelto para la boda de Charlie -replicó su madre-. Todos los Taverner decían que no sería lo mismo si tú no estabas hoy aquí.
– Supongo que Simon también estará aquí hoy -dijo ella, preguntándose si efectivamente, habrían sido todos los Taverner los que habían preguntado por ella.
– Claro, no pensarás que va a perderse la boda de su hermano -replicó su madre, muy sorprendida.
– Espero que, por una vez, vayas a ser amable con él -intervino su padre-. Simon se salió de su camino para asegurarse de que estabas bien en Francia. Fue un alivio para nosotros cuando volvió y nos dijo que estabas bien y que sólo habías estado trabajando mucho, pero, como no nos dio muchos detalles, nos temimos que habrías sido muy grosera. ¡Como siempre!
– No fui grosera con él -susurró ella.
– Me alegro de saber eso, porque, en estos momentos, Simon no es el que era -susurró la madre-. ¡Margaret cree que está enamorado!
Polly sintió que se le rasgaba el corazón y se inclinó, simulando que se le había metido una piedra en el zapato, para que sus padres no vieran la expresión de su rostro. Se había pasado los tres últimos meses convenciéndose de que realmente no estaba enamorada de Simon. Se había dicho que no había sido más que un sentimiento pasajero, que se había dejado llevar por la belleza del paisaje y lo romántico de aquella situación. Sin embargo, a pesar de todo aquello, no había dejado de echar de menos a Simon ni un solo minuto del día.
No estaba segura de que estuviera preparada para verlo de nuevo, especialmente con Helena, pero le había prometido a Charlie que estaría en su boda. Muy dentro de ella, había estado esperando que, tan pronto como viera a Simon, se daría cuenta de que la magia entre ellos ya no existía. Sin embargo, aquel comentario de su madre le había demostrado que no era cierto.
Al llegar a la iglesia, tuvieron que saludar a parientes y amigos y Polly hizo todo lo posible por ver a Simon antes de que él la viera a ella. Pero no parecía haber rastro de él por ninguna parte. Polly pasó de los nervios a la frustración al pánico, pero entonces, él salió de la iglesia con su hermano.
Había esperado que la primera vez que volviera a verlo le resultaría muy difícil. Y así fue. Quería acercarse a él, deseando tocarlo, hablarle, pero le aterrorizaba acercarse a él. Cuando él empezó a mirar en su dirección, ella se escondió detrás de una lápida.
Sin embargo, Helena no parecía estar con él. Probablemente, ya estaba dentro de la iglesia. Polly no sabía si sentirse desilusionada o aliviada al ver que él no parecía estar haciendo ningún esfuerzo para buscarla.
A1 entrar en la iglesia, vio que él estaba sentado al lado de una mujer con un sombrero espectacular. ¿Sería Helena?
La marcha nupcial empezó a sonar y Polly sintió un nudo en la garganta al ver la cara de orgullo y amor con la que Charlie miraba a la novia. ¡Si Simon la mirara a ella de aquella manera!
La ceremonia, tal vez por la presencia de Simon, le resultó a Polly insoportable. Las lágrimas le brotaron de los ojos y su madre, con una mirada de alarma, le dio un pañuelo.
Mientras se tomaban las fotografías, no fue difícil evitar a Simon, pero durante el banquete, Polly empezó a pensar que él también estaba intentando esquivarla. Siempre parecía estar al otro lado de la sala. Ella intentaba no mirarlo, pero podía registrar todos y cada uno de sus movimientos mientras, con una brillante sonrisa en el rostro, Polly charlaba con todo el mundo y bebía champán.
¿Por qué no vendría él a saludarla? Eran amigos ¿no? Ella no le había avergonzado y se había marchado cuando él se lo pidió. ¿Es que no merecía siquiera un saludo?
– ¿Qué está pasando entre tú y Simon? -le preguntó Emily, apartando a Polly de repente del resto de los invitados.
– ¿A qué te refieres?
– No dejáis de miraros, pero sólo cuando os creéis que el otro no está mirando.
Involuntariamente, Polly miró hacia donde él estaba, justo en el momento que él hacía lo mismo. Cuando se dieron cuenta de que los dos estaban haciendo lo mismo, a la vez, apartaron rápidamente la mirada.
– ¿Ves lo que te decía? -insistió Emily.
– No pasa nada -dijo Polly, con una sonrisa-. Probablemente, Simon está esperando a venir a hablar conmigo para decirme que no le gusta mi traje.
– Ni siquiera Simon podría decir nada de cómo vas vestida -replicó Emily alzando las cejas al contemplar el traje azul oscuro, con una pamela a juego, que Polly llevaba puesto-. ¡Te estás volviendo muy comedida! Creo que estás creciendo… De hecho, parece que tu estancia en Francia te ha hecho cambiar. ¿Qué te ha pasado allí?
– Tal vez toda esa clase francesa de la que todo el mundo habla se haya apoderado de mí -explicó Polly, por no decir que era porque estaba enamorada de Simon.
– Tal vez.
– Yo me estaba preguntando dónde estaría Helena -dijo Polly rápidamente, para no darle tiempo a Emily a reaccionar.
– ¿Qué Helena?
– Helena, la novia de Simon.
– ¡Ah, ella! ¡Pero si hace un montón de tiempo que no están juntos!
– ¿Cómo? ¿Estás segura?
– Claro que estoy segura -replicó Emily, algo ofendida-. Creo que rompieron en… junio, supongo. Antes de que Simon se fuera a Francia. No puedo decir que lo sienta. Nunca me cayó nada bien. ¿Y a ti?
– Tampoco -replicó Polly, con la boca seca-. Entonces -añadió, esperando con todo el anhelo que le era posible una respuesta negativa-, ¿no está saliendo con nadie ahora?
– ¡No lo sabemos! -exclamó Emily, mirando a su alrededor, como para decirle una confidencia-. Pero, creemos que sí. Sea quien sea, debe de ser muy especial. Simon está muy misterioso. Le dijo a nuestra madre que estaba enamorado, pero luego se cerró en banda y no quiso hablar más del tema. Lo que nos tememos es que está seguro de que no nos caerá nada bien cuando nos la presente. Es lo único que se me ocurre para justificar tanto secreto -añadió, frustrada por no saber nada más-. Bueno, ya sabes que para nosotros no habría nadie lo suficientemente bueno para él, pero haríamos un esfuerzo por querer a la mujer que él eligiera, ¿no te parece?
– Sí. Claro que sí.
Por la tarde, hubo una gran fiesta y para cuando acabó el banquete, sólo quedaba tiempo para cambiarse de ropa. Como la boda se celebraba en un hotel, Polly tenía su propia habitación para refugiarse si las cosas se ponían mal.
Sentada en la cama, reflexionaba sobre la noticia de que Simon ya no estaba con Helena, sin entender por qué él la había mentido. Sin embargo, se dio cuenta de que, si no hubiera querido que ella se fuera de la casa, le habría dicho la verdad. Tal vez, seguía enamorado de Helena y esperaba volver con ella… Por eso la había llamado y le había pedido que fuera a la casa con él cuando Polly se fue.